Guatemala, el paí­s del color -El lago de Atitlán-


En una frontera de la entrada a este nuestro paí­s que amamos mucho, recuerdo que habí­a un eslogan que decí­a: Guatemala, el paí­s del color. Quien realizó dicha publicidad sí­ que acertó con lo que decí­a. Y es que así­ es nuestra bella tierra morena, una enorme extensión de tierra con rí­os y volcanes donde se tiene una flora y fauna envidiables por su gran belleza.

Hugo Madrigal
madrigalyusuf@yahoo.com

Hace unos quince dí­as nos dimos una vuelta por el lago de Atitlán. Como siempre, quien visita Atitlán tiene que pasar varios minutos, si es posible media hora, viendo desde el mirador la belleza del lago, que es como una pintura hecha por la mano de Dios. Es impresionante y tan bello, que muchos de nuestros consagrados pintores han plasmado en sus telas esta belleza única en el mundo. El lago, pese a la bacteria que lo ha atacado, al parecer está recobrando su belleza, y ojalá la logren exterminar, ya que para los guatemaltecos es un gran orgullo al cual debemos de ser agradecidos por esta dádiva divina, ya que no le podemos llamar por otro nombre. Cada vez que nos acercamos a visitar Atitlán siempre nos queda la misma impresión, y nos dijimos: «en esta ocasión vamos a darle al lector este Fiat sobre la visita a uno de los lugares, cuna del pueblo tz´utujil y una de las poblaciones de mayor tradición prehispánica». En Panajachel, uno se confunde con gringos, europeos y otros visitantes centroamericanos o sudamericanos. La bacteria que ha atacado al lago se debe de hacer el máximo esfuerzo por erradicarla, porque podemos perder el lago. Cuando visite, estimado lector, este hermoso lago, se dará cuenta de esa pintura azul que es difí­cil encontrarla en otro lugar del mundo con todo su esplendor lleno de tradiciones que acompañan ese color mí­stico del lago de Atitlán. Por supuesto que nos preocupamos por la bacteria que ha impregnado al lago y que al parecer no ha desaparecido, sino que se esconde en lo profundo del mismo, pero que en los últimos dí­as ha vuelto aparecer; sin embargo se puede erradicar, según me explicó un amigo que conoce bien el tema, y que están trabajando en ello para evitar un fatal desenlace que nos dejarí­a sin tan bello regalo de la naturaleza y que se perderí­a como se han venido perdiendo grandes extensiones del verdor del Petén y otras zonas boscosas. Pero unido a lo hecho por la naturaleza, el lago cuenta con varias poblaciones que le dan un sentido muy pintoresco donde se ve a su gente que se identifica por sus propias costumbres culturales. Cuna de Maximón, la deidad maya, sus volcanes y sus pueblitos a la orilla del lago le dan un toque muy especial, casi mí­stico, donde se encuentran grandes creativos que con su pintura nos enseñan gran parte de sus tradiciones. Cuidemos el lago; las autoridades encargadas de ello tienen que prevalecer para que no se pierda este regalo de la naturaleza hecho por la mano del Arquitecto del Universo. En un tiempo tan lleno de estrés que nos ofrece la vida cotidiana en la ciudad, cargada de tantos lados oscuros, el poder salir fuera de la ciudad nos ayuda mucho para poder llenarnos de optimismo y qué mejor que viendo la belleza de Guatemala, El paí­s del color, donde la naturaleza se une a las tradiciones que, gracias a Dios, aún se conservan. Cuando se puede dar una salida por algún sitio turí­stico de esta tierra morena, tenemos que aprovecharla. Recientemente hemos visto la propuesta de que los dí­as que caen feriados entre semana, los van a trasladar al viernes para que se fomente el turismo entre los «chapines» y con ello conocer todas las bellezas que nos ofrece el paí­s