El pasado 7 de diciembre y como sucede cada año, los guatemaltecos cumplimos con nuestra poca ecológica costumbre de quemar al diablo, miles de piñatas del para estos días buscado, rojo y cachudo personaje ardieron en hogueras por todo el país. Acumulamos y posteriormente chamuscamos papeles, ramas, cartón y cualquier cosa que sirviera de combustible a nuestra enorme necesidad de darle vuelta a la página, de buscar un mejor mañana a costa de quemar el pasado.
De ser tan sencillo y de servir para algo, quizá más y mejores fuegos se abrían encendido, lamentablemente al día siguiente ya estaban en los diarios señas y reseñas de que ya podíamos empezar a juntar basura para la próxima fogata, el diablo se nos había escapado y a juzgar por algunas de las noticias de la semana, estaba desatado.
La semana inició con la culminación de los procesos de elección del Director del Instituto de la Defensa Pública Penal y del Contralor General de Cuentas de la Nación, en el primero de los casos tardaron casi dos años para volver a nombrar a la Directora que habían estado cuestionando durante todo ese tiempo, en el segundo, fue electa una auditora a la que señalan de pertenecer al mismo grupo que avala el actual Contralor General de Cuentas de la Nación, o sea, difícil estreno de la Ley de Comisiones de Postulación y poco probable que cambie algo en esas instituciones.
Debajo de las cenizas de la fogata, también encontramos nuestra ración diaria de hechos de violencia, el rescate de un sicario en San Marcos, a manos de un grupo armado que entró a la cárcel, se llevó al muñeco que al parecer sí es un verdadero diablo, dejó a su paso muertos y heridos a soldados, policías y transeúntes, conmocionó a la sociedad e hizo declarar al Ministro de Gobernación que las autoridades en ese lejano departamento no tienen como oponerse al poder de fuego de los delincuentes.
Ataques armados en la Ciudad, en zonas céntricas que incluyeron como víctimas, entre otros, al cuñado presidencial, a buses del transurbano y que culminaron de manera macabra con el reprochable asesinato, con señales de tortura incluidas, de una socióloga en Huehuetenango dedicada a estudiar las necesidades de los migrantes.
Y por si algo faltara, un anuncio de nuestro futuro próximo, la televisión transmitiendo, cada media hora, un patético campo pagado en donde una mujer descompuesta y entre sollozos que dice no aguantar más, se calma, cuando una mano, al mejor estilo Mesías, se posa sobre su hombro para darle tranquilidad. Sin duda, preludio de la campaña política que ya vivimos y que nos traerá una bandada de salvadores, deseosos de explotar para sus intereses el miedo y la terrible situación de violencia que atraviesa el país.
Con una semana como ésta y con el preludio relacionado, parece que quemamos al diablo equivocado o que el verdadero está usando de leña a nuestro país y se prepara para ser el motor, la mecha y/o el candil para encender la próxima hoguera.