Acciones afirmativas en América Latina (II)


La legislación para lograr la equidad polí­tica en América Latina (leyes de cuotas y/o leyes de paridad) es muy reciente, por tanto no se cuenta aún con un perí­odo suficiente de vigencia para medir su efectivo funcionamiento. Sin embargo, en este contexto, el criterio más inmediato para evaluar su éxito resulta ser el del aumento en el porcentaje de mujeres que actualmente ocupan escaños parlamentarios.

Ligia Ixmucané Blanco
masmujeresmejorpolitica@gmail.com

En relación con el establecimiento de un cierto porcentaje, vale la pena señalar que éste no significa inmediatamente que las candidaturas de mujeres tengan la posibilidad real de traducirse en una proporción semejante de escaños en los parlamentos. La experiencia evidencia que puede cumplirse con la norma sin cumplir con su espí­ritu, por ejemplo, cuando se coloca a las mujeres al final de las listas de candidatos titulares, o bien en los espacios de las suplencias, donde tienen reducidas -cuando no nulas- posibilidades de ocupar el cargo.

Una disposición adicional que sirve para reforzar la eficacia de las llamadas acciones afirmativas o cuotas consiste en fijar una distribución obligatoria de las candidaturas de mujeres y sanciones precisas en caso de incumplimiento, tales como el rechazo de parte de la autoridad electoral para registrar las listas de candidaturas presentadas. De tal suerte, en Argentina la ley plantea que las mujeres candidatas estén colocadas en proporciones suficientes para ser elegidas. En Costa Rica, la ley establece la alternabilidad. En Bolivia está establecido que de cada tres candidatos uno debe ser mujer y en Paraguay que de cada cinco lugares, uno debe ser ocupado por una mujer. En el caso de México, la legislación obliga a los partidos a que las candidaturas que postulen no excedan del 70% para un mismo género, con lo que cada agrupación polí­tica cumple con el ordenamiento de acuerdo con sus propios estatutos, es decir, de acuerdo con la cultura polí­tica de sus cuadros y militantes.

Una variable a considerar es el nivel de homogeneidad social existente en términos de oportunidades para las mujeres. Las sociedades más abiertas a la equidad de género en los campos social, cultural y educativo, están en mejores condiciones para que las mujeres puedan competir efectivamente para obtener cargos públicos. Otro elemento a tomar en cuenta es que los partidos polí­ticos son por naturaleza organizaciones con estructuras jerárquicas, fuertemente centralizadas en sus decisiones, lo cual genera una resistencia a las demandas de otros grupos dentro de su propio seno. Así­, mientras la democratización no permee la organización interna de los partidos, la demanda de equidad de género se enfrentará a obstáculos difí­ciles de remontar por más que aquella esté socialmente legitimada.

La adopción de acciones positivas a favor de las mujeres constituye una forma de reconocer que las mujeres y los hombres no comparten una posición igualitaria en la sociedad. La implementación de cuotas en el ámbito polí­tico, en otros paí­ses, ha demostrado que son un mecanismo eficiente para aumentar, de manera significativa, el porcentaje de mujeres en cargos públicos. masmujeresmejorpolitica@gmail.com