En pocas palabras


Han pasado algunas horas desde la aprobación de la Ley de Extinción de Dominio, Decreto número 55-2010 del Congreso de la República. Desde abril del 2009 se trabajó en el Congreso en la Iniciativa. Esta Ley provocará un antes y después en la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción.

Mariano Rayo
Diputado Unionista

El patrimonio criminal es un factor de corrupción social, no sólo por lo que implica la comisión del delito, sino porque el crimen organizado, hace ostentación ante los demás con bienes que no les pertenecen y no fueron obtenidos como fruto del trabajo y esfuerzo honrado. Esta realidad se ha extendido de tal manera que atenta contra la estabilidad del Estado. De esta situación de impunidad se ha derivado un ejemplo letal para la comunidad. Un segmento de la población se siente desestimulado frente al esfuerzo de buscar sustento y progreso en actividades legales, cuando ve expuesto ante sus ojos esas riquezas conseguidas en forma fácil y rápida por quienes infringen la ley.

El ejercicio de la acción de Extinción de Dominio permitirá eliminar o al menos reaccionar contra la principal motivación de la delincuencia organizada y la corrupción: la obtención de grandes ganancias, y la acumulación de riquezas patrimoniales proveniente de actividades ilí­citas y delictivas.

La Extinción de Dominio es la pérdida o privación definitiva de los derechos reales y accesorios criminalmente adquiridos, a favor del Estado, sin contraprestación ni compensación de naturaleza alguna para su titular, poseedor, usufructuario, tenedor u otra forma relativa al derecho de dominio.

Con la Ley de Extinción de Dominio se pone a disposición de los operadores de justicia un instrumento para eliminar la riqueza criminal; mediante un procedimiento que garantiza la protección de los derechos constitucionales y legales de las personas que pudieran resultar afectadas injustamente por la acción de extinción de dominio.

El Decreto 55-2010 permite tomar medidas legales concretas contra el producto de la criminalidad y la corrupción, con el fin de impedir, disuadir y destruir sus capacidades criminales, como una reacción legí­tima del Estado contra toda fuente de enriquecimiento por fuera de la ley o en fraude a la misma. Su finalidad es la de, por un lado, proteger a los ciudadanos honestos, probos y de buenas costumbres y, por el otro, desestimular el efecto nocivo e inconsecuente en la sociedad de la riqueza criminal.

La ley restringirá el acceso de las organizaciones delincuenciales y sus miembros, así­ como a la delincuencia común y los corruptos, a los activos y recursos financieros, originados de cualquier actividad ilí­cita o delictiva, sea cual fuere el mecanismo a través del cual se movilizan los recursos dentro del sistema económico y financiero y del tráfico jurí­dico de bienes.

Deseo expresar un profundo agradecimiento a mi equipo técnico. A ese grupo de jóvenes profesionales, mujeres en su mayorí­a, quienes son las arquitectas del contenido de la ley, mi reconocimiento y gratitud. Gracias, muchas gracias por su apoyo incondicional, por su trabajo y por las horas que le dedicaron a esta ley.

El agradecimiento se extiende a los miembros de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales, quienes con su conocimiento lograron enriquecer el contenido del dictamen.

Asimismo, deseo agradecer a todas las personas e instituciones que apoyaron la ley, pero también a quienes la criticaron, porque en particular las crí­ticas hicieron que nos replanteáramos uno y otra vez el contenido de la Ley de Extinción de Dominio, y de esta manera investigar, estudiar, analizar y estar seguros de lo que estábamos haciendo.

Gracias a todos esos fiscales nacionales y extranjeros, jueces y magistrados, operadores de justicia en general, policí­as, investigadores, militares, académicos y profesionales de las distintas ramas, por los intensos debates que tuvimos, analizando la realidad regional y nacional, e intercambiando experiencias sobre el fenómeno de la economí­a criminal.

Mi más profundo agradecimiento a todos los diputados del Congreso de Guatemala, por su actitud valiente y nacionalista. Su coraje y desinteresado apoyo permitió la aprobación unánime de la ley.

La ley por sí­ sola no eliminará el crimen organizado, ni el narcotráfico, ni las extorsiones, ni el contrabando, ni la corrupción, pero con ella se está diciendo hasta acá, ya no más. El camino es aún largo y escabroso, y no exento de riesgos y peligros, y ahora nos corresponde a la mayorí­a hacer que se aplique con prontitud y exactitud, para ponerle fin a la lacra de la economí­a criminal.

La Patria nos demanda más trabajo, pasión y sacrificio. Yo me apunto. ¿Y usted?