Ciudad Caótica


Aunque la palabra JUSTICIDIO no existe como tal, las condiciones de gran impostura que vive actualmente la justicia de este paí­s pequeño y extraño, hacen pensar que todo se ordena de tal manera, que la impunidad prevalece y aquella desaparece. Al parecer la oscuridad de la vergí¼enza y la infamia se cierne sobre ciudad Caótica, sus habitantes se ocultan cual ratones asustados por la sombra del autoritarismo, y la prepotencia de los que siempre han sido dueños de la geografí­a caótica. Otros prefieren el autoengaño y vivir en el cómodo sopor de la subsistencia consumista, especialmente ahora que caminan cual zombis alrededor del cono navideño que tiene un gallo en la cresta.

Julio Donis

La muerte asoma por cada rincón y callejón en forma de viejo fantasma del pasado; lo que parece ir adquiriendo sustento jurí­dico pero también terrible comprobación empí­rica, es la acción asesina en manos del Estado, es lo que pasaba en los ochenta recreado en su versión de limpieza social del siglo XXI, que se dedicó a eliminar pandilleros y presos para que la medianí­a y la oligarquí­a se sintieran tranquilos al llegar cada noche. Lo sucedido en Pavón parece indicar, como lo respaldan las fotografí­as recientemente proporcionadas la CICIG, que el legí­timo monopolio que tiene el Estado sobre uso de la fuerza, se desbordó en el Gobierno pasado y se cometió ejecución. Sin embargo el habitante de ciudad Caótica ya está permeado por la cultura de la muerte y lo que resuena en sus cabezas es «eran presos, no importa…» o «los hubieran matado a todos», expresiones que sustentan y legitiman la acción de exterminio. El peligro es inminente y generalizado a todos los habitantes porque su Estado está cooptado por poderes de distinto pelaje que lo conducen por la cueva del interés sombrí­o.

Además del temor, también cunde una confusión premeditada en Caótica; algunos de los angelitos del empresariado han sido señalados por la ley a partir de la contundencia que permite la investigación especí­fica, ellos alegan inocencia amparados en que sus acciones respondí­a a decisiones de Gabinete; tres caras «buenas» que vestidos con los uniformes de la institucionalidad estatal, cometieron abuso. La oligarquí­a no soporta esa acusación sobre sus representantes, y está movilizando todo cuanto puede, poder legal, influencias de operadores polí­ticos dentro y fuera del paí­s y medios de comunicación, porque se expone a la terrible contradicción de haberle fallado a la «patria», a «dios» y al valor insigne de su propuesta ideológica, la «libertad».

Ciudad Caótica está sumida en una niebla, no se sabe quién es villano o quién es inocente porque ahí­ radica la posibilidad de encubrir la complicidad de una cola larga de un solo animal que está machucada por todos. Pero los habitantes de Caótica saben la verdad, la intuyen, pero la guardan, la evitan o la desconocen porque se ve imposible alcanzarla y parece preferible matarla o dejar que se extinga. La justicia camina tambaleante por la oscuridad y su balanza va de un lado a otro. Los pocos que tratan de ayudar son sometidos o extorsionados; la Comisión que llegó con pleno poder e inmunidad también ha sido golpeada y presionada. La oligarquí­a rancia ha instruido a todos sus fieles para detener las acciones de la Comisión, y para tal efecto se hilvana un plan de obstrucción total que de ser exitoso lograrí­a el bloqueo este ente, pero peor aún serí­a el daño a lo poco avanzado en materia de institucionalidad de justicia, el perdedor seguirí­a siendo esta sociedad caótica, mediatizada y adormecida que no construye noción de lo público, que no siente amparo estatal y que prefiere la salvación divina como respuesta a su situación. Mientras tanto en ciudad Caótica la noche cae y un poder sigue su conspiración.

PS: Caótica darí­a un salto cuántico con Claudia Paz y Paz Bailey liderando el MP.