El trabajo periodístico consiste en informar a la sociedad sobre lo que está ocurriendo en el plano doméstico e internacional, pero a veces ellos mismos se convierten en noticia. En muchos países debido a conflictos internos o a la corrupción, los comunicadores son víctima de homicidios que nunca terminan de resolverse.
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No solo mueren periodistas en el fuego cruzado de las guerras. También mueren por informar, por denunciar la corrupción de los políticos, la delincuencia de las mafias, los abusos de los poderosos. La profesión de periodista se está tornando cada vez más riesgosa y peligrosa; además de la violencia contra los medios y periodistas, muchos han terminado en las cárceles en represalia por lo que han dicho, opinado o disentido. Judicialización, amenazas, atentados y asesinatos para callar a la prensa no son la excepción en Guatemala, uno de los países más peligrosos para los periodistas tal y como lo demuestra el atentado contra la unidad móvil de un canal televisivo hace dos días y la amenaza de muerte recibida por el periodista Sas la cual fue publicada en la cadena internacional de noticias CNN, el asesinato del reportero televisivo Rolando Sántiz hace un año, entre otros. El dinosaurio aún está entre nosotros. El periodismo honrado, sin sesgos políticos, el que dice la verdad verdadera imprime carácter a nuestra percepción de las cosas, a nuestra opinión y hasta a la filosofía general de un país como el nuestro en el que tan poco se lee y tanto se oye y tanto se ve. Sin embargo, las élites económicas, los poderes paralelos, los intereses gubernamentales, la delincuencia organizada y la desorganizada, ven en los periodistas la posibilidad de ser descubiertos en sus fechorías y arremeten contra ellos. Llama la atención sobre una práctica que en los últimos tiempos se está tornando cada vez más frecuente. Agentes del servicio secreto o militares ocultan su verdadera identidad tras la identificación de periodista y, al final, convierte en sospechosos a los verdaderos periodistas; tal el caso de la liberación de rehenes en Colombia (caso Ingrid Betancourt). A nivel internacional existe el Comité para la Protección de los Periodistas y un relator Especial para la Libertad de Expresión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es el guatemalteco Frank LaRue,  y una relatora de la Organización de los Estados Americanos (OEA) Catalina Botero.
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El objetivo profesional de los periodistas es denunciar arbitrariedades, injusticias, abusos, corrupciones, pues creen apasionadamente en el principio de que hay que impedir que el poderoso oprima al débil; aunque estas frases huelan a literatura épica, es verdad que la información constituye un valor social de primera magnitud y que las sociedades informadas están mejor defendidas frente al atropello.