Edelberto cumple 80 años.


Edelberto Torres Rivas, el más importante sociólogo de Centroamérica, cumple 80 años en estos dí­as. Celebrará su aniversario rodeado de familiares y amigos, del afecto que ha construido a lo largo de sus ocho décadas. En el momento de la celebración, es muy probable que Edelberto continúe con el balance de su vida, inevitable en los momentos crepusculares. Tendrá motivos para sentirse satisfecho. Ha vivido una vida fuera de lo común, vida que dista mucho del lento acontecer en el que transcurren las vidas de la mayorí­a de la gente.

Carlos Figueroa Ibarra

Para empezar tuvo un padre fuera de lo común. Hombre extraordinario fue don Edelberto Torres, insigne mentor de origen nicaragí¼ense a quien los avatares de la vida polí­tica, ubicaron en la Guatemala desde los tiempos de Ubico. Autor de varias obras, entre las cuales destaca una erudita biografí­a de Rubén Darí­o, no fue casual que los sandinistas perseguidos, asesinados y después triunfantes, le hayan rendido honores. Es muy conocida la foto, tomada en un estudio en la ciudad de México, en la que aparece don Edelberto, al lado de dos muchachos, muy jóvenes ambos. Eran el después fundador y principal animador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Carlos Fonseca Amador y el también después comandante sandinista, Ví­ctor Tirado López. El joven Edelberto Torres Rivas creció en el contexto de la década revolucionaria iniciada el 20 de octubre de 1944. í‰l y sus hermanas, Myrna y Gracia Leda, tuvieron el privilegio de vivir una época intensa, la que se observa en los procesos revolucionarios. Así­ fue como trabaron amistad con un joven argentino, recién graduado médico y cirujano, llamado Ernesto Guevara. Fue en el cí­rculo de amistades y conocidos que hizo Guevara en aquellos años, entre los cuales se encontraban los hermanos Torres Rivas, en donde empezó a surgir el Che, porque fue en Guatemala en donde el después icono revolucionario adquirió el sobrenombre con el cual se harí­a mundialmente conocido.

Serí­a la militancia polí­tica, iniciada en los años de la década revolucionaria, lo que inclinó a Edelberto hacia las ciencias sociales. En la Guatemala de sus años universitarios la carrera de sociologí­a no existí­a, por lo que al igual que otros cientistas sociales, Edelberto se formó en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos De Guatemala. Su tesis de licenciatura evidenció que el joven abogado en realidad no querí­a serlo. Su disertación para obtener el tí­tulo de Abogado y Notario versó sobre las clases sociales en Guatemala. Por aquellos años, los primeros de la década de los sesenta del siglo XX, Edelberto era un esforzado militante revolucionario. Es ese Edelberto de quien tengo el primer recuerdo. Un dí­a, siendo un niño, me desperté y encontré a un hombre durmiendo en la habitación que yo ocupaba en mi casa. Aquel hombre joven y espigado, de nariz afilada, lentes oscuros y gruesas molduras, vivió en mi casa varios dí­as, evadiendo la persecución polí­tica de la que era objeto. Recuerdo muy bien que ocupaba su tiempo jugando conmigo y mis hermanos y de vez en cuando poniéndome apodos…

Desde aquellos dí­as a los de ahora pasaron muchas cosas. Salió al exilio y formó parte de las primeras, si no es que de la primera, generación de estudiantes de sociologí­a de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Chile. El libro que escribió en aquellos años, Interpretación del Proceso Social Centroamericano, se convirtió en un clásico de la bibliografí­a sociológica de la región. Promovió de manera muy importante el desarrollo de las ciencias sociales en Centroamérica, desde el Programa Centroamericano de Ciencias Sociales que funcionó en Costa Rica en los años setenta, desde el Consejo Superior de Universidades de Centroamérica (CSUCA), desde el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y como Secretario General de FLACSO. En el último tercio de su vida, Edelberto decidió regresar a su patria chica, en donde trabaja con gran vigor en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

A lo largo de mi vida como sociólogo he tenido el placer de la coincidencia y discrepancia con Edelberto. El tema de Cuba, de la transición democrática, el de la democracia misma, el de la evaluación del movimiento revolucionario en Guatemala, son algunos de los temas en los cuales he coincidido y diferido de lo escrito y hablado por Edelberto. Pero recuerdo una enseñanza de él que marcó mi vida. Me la dio de manera informal frente a uno de los edificios de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Era yo a la sazón un joven estudiante de sociologí­a. Me dijo Edelberto: «si querés ser buen sociólogo tendrás que hacer muchas cosas, la militancia te servirá de mucho». El consejo, que era un autorretrato, lo seguí­. Desde entonces comprendí­ que es posible la objetividad en ciencias sociales, en el sentido de distancia crí­tica con lo que uno investiga, pero que la neutralidad valorativa es imposible. Que en las ciencias sociales, acaso en todo lo que hace uno en la vida, es necesaria la inteligencia, la disciplina pero también la pasión. Edelberto Torres Rivas ha unido estas tres cosas y todas ellas lo han colocado en un sitio distinguido en la sociologí­a latinoamericana.