«Donde manda capitán no manda marinero»


Es tal el empirismo del actual gobierno que todaví­a no han logrado superar la dificultad de manejar eficazmente los fondos públicos. Está a la vista que no saben siquiera diferenciar las funciones que tiene el Ministro de Finanzas con las de un cajero, contador o gerente financiero. Por ello es que desde el presidente hasta el más insignificante funcionario quiere tener de las narices al ministro, quien por lógica tiene la responsabilidad del manejo técnico y cientí­fico de las finanzas del paí­s, asunto muchí­simo más delicado e importante que la simple tarea de hacer transferencias, elaborar partidas presupuestarias, emitir cheques o hacer depósitos. Con esto más, que quien realmente manda en el «gobierno de Colom» cuando se trata de pisto, no es el Consejo de Ministros o el Gabinete Económico, sino la Primera Dama en su desmedido afán por alcanzar el poder total.

Francisco Cáceres Barrios

Así­ es que como acertadamente declaró a Prensa Libre el diputado Mario Taracena, «el que se fue o el ministro que venga no tienen mayor injerencia en el Presupuesto 2011, porque ya está en manos de los jefes de bloques» quienes como ha sido la costumbre, hacen arreglos o reciben órdenes directas de la Señora. Por consiguiente, no hay dónde perderse, en el gobierno que sea, mientras esté en manos de politiqueros, jamás va a predominar la lógica, mucho menos los criterios técnicos o cientí­ficos; como que las causas que provocaron el violento despido del licenciado Edgar Balsells, no son más que la simple y sencilla aplicación del refrán: «Donde manda capitán no manda marinero» y de aquí­ se desprende la conclusión final, que el gobierno y toda su red de serviles colaboradores, con el despido de Balsells salieron perdiendo todaví­a más credibilidad, la que por cierto, ganó el despedido.

Recientemente el primer mandatario, acompañado de la Primera Dama, inauguraron con el tradicional montaje del aparato propagandí­stico una sala del Hospital Roosevelt y para llegar al sitio tuvieron que atravesar diversas instalaciones en donde era imposible ocultar evidentes muestras que demostraban su pésimo estado, desde la carencia de camas, no digamos de ponchos raí­dos o sábanas amarillentas y hasta de camillas para poder atender siquiera un poquito mejor a un herido de bala. No hace mucho, también se dejó al descubierto la desatinada asignación de policí­as para proteger a gente del gobierno que percibe suficientes recursos (incluyendo comisiones) para disfrutar de la seguridad que ya quisiera tener Juan y la Marí­a. Ella, para ir todas las madrugadas con alguna seguridad al nixtamal y él para llegar puntualmente al empleo distante a más de 20 kilómetros de su champa. ¿Serán justas y equitativas tan tremendas diferencias?, ¿se habrá aplicado el adecuado análisis de prioridades para asignar fondos en los casi tres años del actual gobierno? Claro, por lógica, anticipo que estas preguntas no las van a responder quienes tienen otras intenciones.