Candidatos imposibles


            Muy mal tenemos que andar y bastante caradura tienen que ser nuestros polí­ticos para que peregrinamente se esté planteando la posibilidad de retorno de polí­ticos del Antiguo Testamento.  Y ahora pienso, por ejemplo, en el mí­nimo ílvaro Arzú, alcalde Capitalino y ex Presidente de Guatemala de infeliz memoria.

Eduardo Blandón

            El señor de quien hablo, prototipo de humildad y capacidad de escucha proverbial, como cualquier sabio bí­blico, se le hace agua la boca por retornar al poder (más del que tiene ahora) y continuar ordenando y acrecentando el número de servidores fieles (esos que sólo saben decir «amén» a sus más nimios deseos).  No lo mueve la voluntad de servicio, mejorar el paí­s e inventar un sistema inclusivo, lo estimula un impulso irrefrenable por dictar e imponerse sin diálogo alguno.

            Y estas cosas no se dicen por malos sentimientos (como podrí­a pensarlo), envidia, mala leche o por lucha de poder, se escriben porque las pruebas están a la vista.  Como Presidente de Guatemala no hizo sino defenestrar la cosa pública, mal vender los bienes del Estado, convertirse en enemigo jurado de la Prensa y preocuparse poco por polí­ticas serias de transformación del sistema injusto nacional.  Como los demás Presidentes del paí­s, pasaron sin pena ni gloria, en busca sólo de la gloria, la fama y el prestigio.

            Como Alcalde sus logros han sido de igual magnitud.  Le angustia al señor, lo estético: uniforma a los policí­as municipales, pinta las aceras, siembra flores en los parques y compra buses.  Pero nada de darle solución a las cosas que en verdad importan: el transporte, el agua y el manejo de la basura.  Ya podrá pasar en el Palacio de la Loba por los siglos de los siglos, que nunca hará nada en ese sentido.

            Para colmo de males, el señor, con la edad, parece haberse radicalizado más y ahora anda como talibán repitiendo el texto prehistórico: «Dios, Patria y Libertad».  Su partido es arcaico, desfasado y para ancianos de la cuarta edad.  Por eso se comprende que resucite a personajes oscuros como Ubico y pretenda que los guatemaltecos le rindamos pleitesí­a a él y a todos sus santos.  Lo hace porque en su fuero interno se imagina Hitler, Mussolini o Franco.  Con más optimismo dirí­a que Pinochet o Somoza.

            Por eso decí­a al principio que, algo debí­a andar mal en el paí­s que hasta tengamos el mal pensamiento de volver a las sendas del pasado.  Lo del señor Alcalde deberí­a ser un chiste de mal gusto, tanto o más como decir que si no es él serí­a su esposa.  También para bromas andamos en la calle de la amargura.  Don ílvaro Arzú deberí­a tomarse vacaciones y sus seguidores buscar un mejor caudillo (porque está visto que los muchachos necesitan a alguien que los mande y ponga en cintura).

            Si las cosas continúan como hasta ahora, no serí­a raro que en pocos años tengamos compitiendo para la Presidencia a Vinicio Cerezo, Efraí­n Rí­os (otra vez), Serrano Elí­as y Alfonso Portillo.  En Guatemala, por lo visto, TODO es posible.Â