Adiós al pacto fiscal


Indudablemente el reto más grande para cualquiera que llegue al Ministerio de Finanzas Públicas es promover un verdadero pacto fiscal que permita la reestructuración del sistema tributario para elevar los ingresos de manera que el Estado cuente con los recursos suficientes para enfrentar el desafí­o del déficit social. En general los ministros han fallado en ese campo, pero han compensado su deficiencia con el esfuerzo por mantener una disciplina fiscal que ha sido reconocida por los organismos internacionales.


El nombramiento de Alberto Fuentes Knight como ministro al principio de la gestión de Colom, tení­a que verse como un sólido esfuerzo por consolidar un pacto fiscal por la experiencia que el titular de la cartera habí­a tenido en el espacio académico especí­ficamente dedicado a los temas de tributación. Esa experiencia le habí­a dado algún prestigio entre los actores económicos como para operar en la búsqueda de un acuerdo de amplio espectro que permitiera superar uno de los grandes problemas del paí­s. El resultado fue totalmente adverso porque no hubo ningún avance y sus propuestas de impuestos fueron realmente paquetazos para rellenar agujeros en vez de promover un cambio en la polí­tica fiscal del paí­s.

Balsells no podí­a ya aspirar a mucho en ese campo y casi todos los observadores entendieron que llegaba a administrar la crisis y que tendrí­a serias dificultades para mantener la disciplina. Justamente en cí­rculos nacionales e internacionales se reconocí­a que la salida de Fuentes también fue provocada por las presiones para evitar la contención del gasto, lo que poní­a en compromiso serio la disciplina fiscal que ha caracterizado la gestión de los últimos gobiernos, a pesar de los pesares. Ambos, Fuentes y Balsells, se jugaban todo su prestigio en el desempeño de esa importante cartera, como ahora se lo ha de jugar Rolando del Cid Pinillos, quien según dijo el Presidente ha jugado un papel importante como eficiente administrador del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Las presiones en un año electoral se vuelven inmensas cuando se trata de contener el gasto y eso lo sabemos todos y mejor aún cualquiera que haya estado en el Ministerio de Finanzas durante una contienda polí­tica. Pero una cosa es lidiar con un gabinete y con los polí­ticos que quieren gastar con criterio electoral, y otra muy distinta cuando el interés directo lo tiene quien puede dar órdenes e imponer criterios. Por eso, entre otras cosas, se prohí­be la reelección por sus implicaciones en el manejo de la cosa pública, como lo vamos a corroborar muy duramente los habitantes del paí­s en la próxima contienda. En tales condiciones, imposible hablar siquiera de un acuerdo nacional sobre el tema de los impuestos.