Abelina García Mendoza y Mariano Luna Ruiz viven a kilómetros de distancia, pero comparten algunas características en común: ambos son latinoamericanos y sobrevivieron al terror de la guerra tanto en Perú como en México, de donde son originarios.
gortiz@lahora.com.gt

Además, ambos se encontraron esta mañana en Huehuetenango, donde tuvo lugar el Encuentro Internacional de Sobrevivientes de Guerra: «Sembrando semillas de memoria y justicia, cosechamos la paz», en el que participaron 100 sobrevivientes de México, Guatemala, El Salvador y Perú.
Los testimonios de ambos son desgarradores, pero convergen en una sola demanda a la que se unen cientos de miles de latinoamericanos, esta es la demanda de justicia para los crímenes de guerra ocurridos entre las décadas de los ochenta y noventas.
DESAPARICIí“N
García Mendoza tiene 47 años y es originaria de Perú; además es una de las fundadoras de la Asociación Nacional de Familiares Secuestrados, Detenidos y desaparecidos de ese país; que inició tras la desaparición de su esposo.
García narró: «El 1 de diciembre de 1983 entraron los militares a las 00:30 horas y lo levantaron a viva fuerza donde dormía, yo no quería dejar que se lo llevaran, me golpearon, a causa de eso perdí un hijo porque fui torturada… Los militares se lo llevaron al cuartel».
La mujer de 47 años añade que tuvo información de su esposo durante 15 días, sin embargo, después no volvió a saber nada de él y a la fecha aún guarda la esperanza de encontrarlo: «quiero encontrarlo porque era totalmente inocente», comenta. Su esposo es una de los más de 69 mil víctimas de desaparición y asesinato que la Comisión de la Verdad de Perú ha reportado en sus informes sobre la guerra.
MASACRE
El 22 de diciembre de 1997, un grupo de paramilitares mexicanos ingresó a un campamento donde estaba reunida una organización indígena que oraba por la paz en su país, el resultado de esa intervención militar fueron 45 muertos entre hombres, mujeres, niños y niñas. Mariano Luna Ruiz vivió esa pesadilla.
Luna Ruiz narró que: «Nosotros vimos cómo llegaron, y quedamos debajo de todos los muertos, incluidos niños y niñas que estábamos orando. Ahí perdí a mi esposa y a mi hijo, ella (esposa) fue una de las cuatro mujeres embarazadas que masacró el Ejército».
Trece años después de esa masacre y tras haber perdido a su familia, Luna Ruiz dice: «Yo solo pido justicia, no venganza, sino justicia».
José Jiménez, portavoz del Colectivo Las Abejas a donde pertenece Luna, «la masacre formó parte de una política de Estado que buscaba evitar que los indígenas no tuvieran acceso a la tierra». El entrevistado añadió que los victimarios abrieron los vientres de las mujeres embarazas que perdieron la vida «y les sacaron los fetos como un acto de terror y para dejar un mensaje claro de parte del Estado», subraya.
El encuentro tiene entre sus objetivos el intercambio de experiencias de lucha en la búsqueda de la justicia, vinculada con las violaciones a los derechos humanos en el pasado y la recuperación de la memoria histórica en países que han vivido un conflicto armado, informó José Rodríguez de CALDH.