Desde patojo escuché de mis padres y maestros decir que no se podía dar armas a gente ignorante porque era sumamente peligroso. ¡Cuánta razón tenían! Y confiarle el timón de un vehículo automotor es la misma cosa. En los últimos días he escuchado quejas, reclamos y serias críticas de usuarios del servicio que presta el Transurbano, el que provocaría, de acuerdo a las formales promesas de autoridades y transportistas, que los problemas del viejo sistema desaparecerían por completo. Sin embargo, los peligros, incomodidades y problemas están volviendo a aparecer después del show de su inauguración, pues aunque aparentemente todo sea nuevo y moderno, hay claras evidencias que por la mala educación de usuarios y transportistas sólo es cuestión de tiempo volver a las andadas.
Si el servicio conlleva la seguridad de los usuarios, los policías deben estar bien adiestrados, empezando porque en horas de trabajo debe prohibírseles cantinear y terminando, porque su deber es brindarle al usuario la garantía de que podrá llegar a su destino sano y salvo, por lo cual el chofer debe cumplir estrictamente normas elementales. Las paradas fueron muy costosas y fueron montadas para utilizarse sin excepción alguna. Los autobuses deben rodar uno detrás del otro y no ir zigzagueando por la ruta adelantándose para quitar pasaje y la velocidad debe estar estrictamente limitada (para ello hay controles mecánicos fáciles de instalar) sin olvidar que la higiene y limpieza del bus debe ser óptima, no digamos la cortesía y buen trato para los usuarios. La práctica del «buen mantenimiento» debe recuperarse de una vez por todas, pues hemos comprobado que varios de estos buses brasileños producen igual o mayor cantidad de humo que las chatarras del pasado.
Pero los usuarios, al igual que los ciudadanos, tenemos obligaciones que cumplir, por lo que utilizando el buen ejemplo debiera orientárseles para ejecutar estrictamente las disposiciones, tanto de orden como de seguridad. No hay tales de pedirle al chofer que se detenga en donde más nos convenga; así como exigimos buen trato y educación, de igual manera debemos comportarnos; para subir o bajar del vehículo hay que hacerlo ordenadamente, con precisión y rapidez, respetando que los demás tienen el tiempo contado para cumplir con sus deberes.
Todo lo anterior no es mucho pedirle a las autoridades y dizque empresarios, así como el honesto manejo de los fondos provenientes de los contribuyentes. Así como transportaron cómodamente en su oportunidad al primer mandatario y a la primera dama para darles colazo ante las cámaras de la prensa, de igual manera debieran estar prestando diariamente el servicio que la población necesita, lo que lleva muchos años de exigirlo. Debe tenerse presente que el servicio del Transurbano, al igual que el Transmetro, no es barato ni gratuito, pues tremenda cantidad de fondos públicos provenientes del pago de impuestos fueron utilizados para su creación y mejor funcionamiento.