Existe la dificultad en comunicarnos con personas quienes siempre pretenden tener la razón, es como que sí fuesen dueños de una verdad absoluta. Hablan con elocuencia, no oyen otras opiniones; y a final de cuentas, no admiten ningún error. Cuando alguien protesta o le contradice, es muy posible que hagan público que quien verdaderamente se encuentra equivocado es… esa otra persona.
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¿Conocen a alguien con estas características? Asumo que sí. Son personas tan floridas en su lenguaje. Que aunque uno sepa que lo que dicen no encaja en la realidad que sabemos. Nos pueden hacer dudar de nosotros mismos, aún más, podemos llegar a creer en su discurso, el cual en un principio probablemente no nos cuajaba bien.
Cuando opinar es tener la razón, entonces, no hay argumento valedero que contradiga o haga ver un sentido distinto de las cosas. Además, este tipo de persona puede creer tener el derecho de callar, lastimar, humillar a quien no tiene su misma opinión.
Existen variados ejemplos en cada ámbito de desenvolvimiento social: dentro de la familia suele suceder con alguna frecuencia; cuando un menor expresa su sentir a menudo es descalificado y alguien más puede decirle. Mira, que sos un niño y esto que estamos hablando, es solamente un tema de adultos. Un maestro creer que la única manera de resolver un problema físico o matemático, es la que éste enseña, y por lo tanto, despreciar alternativas propuestas por su alumno.
Pero el asunto también consiste en que sí son una cuantas personas quienes siempre tienen la razón o sí ¿Existen en el mundo muchas personas con este tipo de creencia?
Ya que de ser así, nos encontramos ante una predisposición a resistir y a aceptar opiniones ajenas. Por lo cual puede ser difícil entendernos. El diálogo no es posible y en lugar de él se encuentra una lucha rival por demostrar quién tiene la razón; o posiblemente este dilema se desplace a quién es más inteligente o poderoso.
Para continuar pensando en que siempre se tiene la razón, tendremos que considerarnos omnipotentes, narcisistamente omnipotentes, ya que errar es de humanos. También es posible que nos consideremos lo bastante perfectos.
Aceptar que alguien más tiene la razón, es cuestión de humildad, delicadeza con el discernimiento de los demás. Es aceptar nuestra imperfección y esto no es cuestión de falta de responsabilidad, sino que todo lo contrario, somos más responsables cuando asumimos una postura de mayor libertad para nosotros(as) mismos (as) y para los demás.
Lo anterior significa que también estamos ejerciendo el respeto para nosotros y para los otros. Que podemos tener el valor de asumir las consecuencias de nuestros actos y no sentirnos vulnerables debido a que las cosas no funcionaron como pensamos que debían ser.
Una persona quien cree tener la razón siempre tiende a ser perfeccionista, insegura, con dificultades en sus relaciones interpersonales (cuesta que la traguen y a ella le cuesta tragar). Además, los conflictos dentro de sus relaciones interpersonales suelen aparecer por situaciones de poca significancia.
La conclusión sería: ¿Vale la pena tener siempre la razón?