Embruteciendo el alma


Lo lapidario del tí­tulo del presente artí­culo, conlleva a la rigurosa reflexión acerca del fenómeno en crecimiento del consumo de drogas por el sector juvenil y adultos jóvenes de la sociedad guatemalteca.

Fernando Mollinedo
fermo@intelnet.net.gt

La realidad que vivimos en Guatemala, nos golpea de tal forma que no permite escapar de la violencia, de la criminalidad en todas sus manifestaciones, de la conducta paranoica de sentir el delirio de persecución; y por lo tanto como respuesta asumimos la necesidad absoluta de protegernos con los medios a nuestro alcance.

Parte de todo este problema deriva del poco o nulo control que se ejerce en los hogares respecto de las actividades de los hijos/as; lo que permite que los jóvenes tengan tiempo suficiente para dedicarse a buscar sustitutos emocionales y sentirse pertenecientes a un grupo social.

El ingreso a las pandillas, el inicio del consumo de drogas en la escuela o en las vecindades de los hogares, es el caldo de cultivo para los principiantes a transgresores de la ley y/o delincuentes; los convierten en narcodependientes y a la vez se constituyen como sus «salvadores» al proporcionarles la droga que necesitan; la compañí­a o seguimiento que sobre la juventud ejercen los lí­deres de las maras y grupos organizados de sicariato, permean en la credibilidad de los iniciados y los hacen sentir miembros importantes del grupo; circunstancia de la que no gozaron en sus hogares.

No debemos permitir que se embrutezca el alma de la juventud, con el olor a pólvora, consumo de drogas y sangre; algo debemos hacer como sociedad para prevenir estas acciones que el Estado de Guatemala trató de abordar pero que no pudo encarar por diferentes razones: ineptitud, ignorancia o imbecilidad de las personas quienes dirigieron las «polí­ticas de seguridad» en las instituciones durante los últimos diez años.

Es una lástima ver la forma en que centenares de jóvenes de todos los estratos sociales y económicos consumen drogas y se involucran en acciones delictivas con el fin de obtenerlas; ya sea en los barrios marginales, zonas rojas, zonas vivas o zonas muertas del paí­s, la droga circula de manera casi normal; ante la indolencia de las autoridades que se acogen al sistema de vida de «dejar hacer… dejar pasar…».

El Centro Histórico de Guatemala, convertido ahora en un chupadero liberal, el sector denominado «cuatro grados monte», la «zona viva», y los alrededores de los centros comerciales departamentales son los centros populares de distribución al mayoreo y menudeo de las diferentes clases de drogas; es del dominio público esta situación y por ende deberí­a ser considerada para ejercer controles de seguridad en dichas zonas.

Está terminando un ciclo escolar; desde ahora, las autoridades educativas y de seguridad deberí­an de abordar el tema para implementar acciones a inicio del año próximo.