Me agradó corroborar la impresión que tengo del nuevo presidente de la Corte Suprema, licenciado, Abogado y Notario, Luis Arturo Archila. El calificativo de «hombre sin tacha» se viene a sumar a una trayectoria cultivada desde su época de estudiante, pasando por un ejercicio profesional honesto y capaz, hasta llegar a ocupar cargos de alta responsabilidad y de mentor universitario. Pero la camisa de once varas a la que se metió no es nada envidiable. A nadie escapa que encuentra un organismo con el prestigio por los suelos y que le ha tocado trabajar con una corte casi equiparada con buenos y con malos, como con jueces y empleados que en el criterio popular, el calificativo de honorable les queda exageradamente grande.
Por ejemplo, ese cambio de delitos de última hora previo a dictar sentencia en el bochornoso caso del supuesto líder sindical Nery Barrios, quien se apoderó tranquilamente de Q5.5 millones dedicados a adquirir una finca para campesinos necesitados de tierra para cultivarla ¡llora sangre! De esa cuenta, se escucha por todas partes la expresión popular ¡ve qué de al pelo!, porque no es lógico que cuando procedía condenarlo con 17 años de cárcel inconmutables, le cambien los delitos y tranquilamente pueda seguir libre para hacer de las suyas con una pingí¼e sentencia de tres años conmutables. Al nuevo presidente de la CSJ no le queda otra que ejercer su liderazgo para cambiar la pésima imagen que la población tiene de un organismo en donde lo normal no es aplicar la justicia por parejo, sino hacer todo lo contrario, a través de subterfugios e intercambios por debajo de la mesa. Es tan evidente la corrupción imperante, que nuestro país está entre los países peor vistos en el continente, cuanto a justicia se refiere, no digamos en el mundo entero. Pero los chapines con Luis Arturo Archila al frente de la Corte bien podrán recobrar la esperanza de cambiar la debacle que nos ha tocado vivir desde aquellos días de estudiantes entre los años cincuentas y sesentas. El reto no es fácil, pero sí posible. No está solo. Con el grupo de los buenos tienen dos responsabilidades fundamentales: Convencer a los malos que el pasado es cosa de la historia para que de ahora en adelante los abogados tramposos, embusteros y delincuentes de cuello blanco no tengan más beligerancia en todos aquellos oscuros litigios que por años hemos visto pasar por los tribunales. Y a propósito de mafias, sería bien visto por la población que tanto la CSJ, como la de Constitucionalidad tomaran más acción en la promulgación de la ley de extinción de dominio, pues sería funesto que después de promulgada, llovieran los amparos para evitar su aplicación, cuando ante los ojos del mundo es obligatorio evitar que los pícaros de siempre sigan disfrutando del dinero y bienes mal habidos.