La cumbre realizada ayer con los presidentes de México, Centroamérica y Colombia, se efectuó en un contexto de preocupación por la creciente voz de legalizar la droga, y, en específico, la eventual legalización de la marihuana en el estado de California.
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Los mandatarios justificaban que la lucha contra las drogas sólo podría realizarse con un consenso mundial, lo cual significaría, pues, que si una región tan económicamente importante, como lo es California, legaliza la marihuana, entonces debería haber necesariamente una reacción en cadena en el camino del narcotráfico, es decir, desde Colombia hasta México, pasando por Centroamérica.
En caso contrario, sería casi imposible que los carteles colombianos y mexicanos desprecien la oferta de consumo en California, y que no escatimen esfuerzos para alcanzar ese mercado objetivo, y que la criminalización del tráfico de marihuana en nuestros países sólo provocaría una lucha violenta entre los Estados -que intentarán evitar la llegada- y los «comerciantes» -que buscarán California como un oasis-.
Dicho sea de paso, el norte de México -sobre todo el fronterizo con California- recrudecería violentamente por la lucha de los carteles, a pesar de que esa región ya es la más violenta de la ruta del narco.
Antes que nada, habría que evaluar las condiciones de la legalización de la marihuana. California discute si se legaliza el consumo personal, lo cual implica únicamente el transporte de la hierba para fines personales, por lo que aún caería en penalizaciones el tráfico masivo.
Otro aspecto que hay que tomar en cuenta, es que la marihuana ya no es tan beneficiosa para el narcotráfico, sobre todo por la poca rentabilidad frente a otras drogas -como cocaína, heroína, crack, ácidos, entre otras-, además de que su transporte es más complicado (por la cantidad necesaria para hacerla rentable), y porque el olor es fácilmente identificable por operativos antinarcóticos.
En otras palabras, la legalización de la marihuana no representaría un cambio cuantitativo para que el narco abandone la ilegalidad y se conforme con el tráfico de la cannabis, que ya se queda corto a comparación del tráfico de cocaína, sustancia que estaría lejos de ser legalizada.
Sin embargo, la legalización de la marihuana en California sí representaría un cambio cualitativo, porque aceleraría el proceso de despenalización de las drogas.
Personalmente, me parece que en el debate criminalización/despenalización se están dando palos de ciego, porque nadie sabe a ciencia cierta cuáles serían las consecuencias de la legalización de las drogas. Sin embargo, hasta el momento, la criminalización de las sustancias sólo ha provocado violencia extrema en las regiones de tránsito de la droga.
En términos generales, supongo que la legalización de las drogas provocaría un cambio de visión, y los Estados dejarían de gastar innumerables recursos económicos para combatir al narco, y que, a pesar de gastar miles de millones de dólares anualmente, da la impresión que los gobiernos están perdiendo la guerra -ya sea por debilidad institucional, o porque se han dejado ganar-.
La despenalización de las drogas permitiría enfocarse en el verdadero problema, que es el consumo, tema en el cual los Estados autorizan pequeños presupuestos para la prevención de las adicciones, comparativamente con los recursos bélicos contra el narco.
Y ello es evidente incluso en las mismas drogas ya legales, como el cigarrillo o el licor, los cuales provocan más muertes que las drogas ilegales. Es decir, que lejos del debate si se despenaliza o se sigue combatiendo al narcotráfico, los mismos Estados deberían tener un cambio de óptica, y destinar muchos más recursos a la prevención de las adicciones, que sería mucho más barato, más efectivo y se atiende el otro factor del problema: intentar reducir la demanda, no la oferta.