Una comunión perfecta


Fernando Alonso salta de júbilo tras culminar la carrera en Corea del Sur. FOTO LA HORA: AFP PHILIPPE Lí“PEZ

Si alguien apostó fuerte por Fernando Alonso en Ferrari fue Stefano Domenicali.

Redacción La Hora
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Hací­a años que le querí­a incorporar, pero el director de la escuderí­a italiana siempre se topó con su antecesor, Jean Todt, que mantení­a las puertas de Maranello cerradas a cal y canto para el piloto español. Así­ que la marcha del ingeniero francés fue determinante para que todos los intereses confluyeran y Luca Cordero di Montezemolo, el presidente, diera su visto bueno al fichaje del campeón mundial de la fórmula 1 en 2005 y 2006 con Renault.

Ferrari necesitaba con urgencia un reactivo tras un año de pésimos resultados con un Kimi Raikkonen desarraigado y un Felipe Massa que no daba la talla. Y la entrada del Banco Santander como patrocinador avalaba el intercambio de pilotos y potenciaba la imagen latina del equipo. Emilio Botí­n puso el dinero para despedir a Raikkonen, unos 40 millones de euros, y Alonso se tornó la gran esperanza de Ferrari.

La apuesta de Montezemolo de italianizar el equipo flirteaba con el fracaso cuando el curso pasado Ferrari consiguió solo una victoria. La capacidad de la cúpula italiana comenzó a cuestionarse y las dudas persistieron a pesar del triunfo inicial de Alonso en el Gran Premio de Bahrein esta temporada. Cuando a mitad del campeonato, Ferrari anunció el fichaje del ingeniero británico Pat Fry, con un largo historial como diseñador de McLaren, todos creyeron que existí­a desconfianza hacia Nikolas Tombazis e incluso hacia la dirección técnica de Aldo Costa.

Muchas veces se especuló con la poca creatividad de Ferrari. Mientras los demás equipos inventaban, en Maranello solo copiaban: el KERS, el conducto f, el doble difusor, la generación de gases constantes del motor hacia el difusor, los alerones delanteros flexibles… Sin embargo, cuando el coche parecí­a estancado y Alonso vislumbraba una temporada de penurias, Di Montezemolo se mostró firme: «Debemos mantenernos unidos para resolver los problemas», afirmó. Al final, esta comunión perfecta entre Montezemolo, Domenicali y Alonso acabó por madurar y se convirtió en el eje capital de la remontada del asturiano hasta encaramarse en lo más alto de la clasificación el domingo en Corea del Sur.

«En realidad, el F10 comenzó a ser muy competitivo en Silverstone [a principios de julio]», asegura Alonso a pesar de que en aquella carrera concluyó 14º, tras ser sancionado por adelantar a Robert Kubica por una chicane y no cederle el paso. La metamorfosis del Ferrari se produjo en Valencia, pero allí­ Alonso quedó cortado por la entrada del coche de seguridad cuando iba tercero y acabó noveno. Hasta entonces se habí­a estado quejando de la falta de capacidad de reacción del equipo. «Llevamos cuatro carreras sin mejoras importantes», habí­a dicho cuando se anunciaba que en Barcelona llegarí­a un paquete que transformarí­a el F10. Aquella evolución no dio el resultado esperado. Y llegaron más crí­ticas de Alonso: «Red Bull y McLaren van por delante».

«Las aportaciones [de Alonso] son muy importantes», reconocí­a entonces su ingeniero de pista, Andrea Stella. Y sus exigencias también lo eran. Pero tanto Di Montezemolo como Domenicali estaban a su lado. Incluso se disculpaban por no ofrecerle el bólido ganador prometido. En Alemania, a finales de julio, todo cambió. El coche ya era competitivo y, con la ayuda del conducto f, los Ferrari pasaron a controlar la carrera. Después, las órdenes de equipo permitieron que Alonso la ganara y Massa acabara segundo. Y a partir de ahí­ solo falló en Spa, donde se estrelló, pero ganó cuatro carreras de siete y en las otras logró un segundo y un tercer puesto: es el que más puntos ha sumado en este periodo: 133 por 92 Mark Webber, 85 Sebastian Vettel y 65 Lewis Hamilton.

Ahora, a falta de dos grandes premios para la conclusión, Alonso es lí­der con 11 puntos de ventaja sobre Webber. Hamilton está a 21, Vettel a 25 y Jenson Button a 42. Sus posibilidades son enormes. Podrí­a ganar el tí­tulo en Brasil si se impusiera y Webber fuera quinto. Pero el australiano sigue dependiendo de sí­ mismo: si gana en Brasil (7 de noviembre) y Abu Dabi (14) será campeón.

La situación ha dado un vuelco espectacular. Y también en Ferrari porque Alonso se ha convertido en el mejor salvavidas para Domenicali. «Lo que más me satisface es que nunca nos rendimos», afirma Di Montezemolo; «el equipo ha trabajado de forma impecable e incansable. Pero ahora debemos permanecer con los pies en el suelo». Domenicali, con la confianza restablecida, le ratifica: «La parte más difí­cil del campeonato comienza ahora. Lo que más debemos controlar es la cabeza de los pilotos, la fiabilidad y la concentración». Resueltos los problemas con Massa, la perfecta unión es ahora el mayor valor y la fuerza que impulsa hacia la corona.