No circulo mucho por el sector, pero gente que vive en los alrededores de lo que conocemos como Carretera a El Salvador se queja constantemente del problema que representa el tráfico, especialmente en los días de aglomeración en alguna de las megaiglesias que operan por allí o cuando hay algún concierto de artista que atrae multitudes. La verdad es que vivimos en un país donde no hay adecuada planificación y en el que cada quien puede hacer lo que le viene en gana, por lo que nunca se realizan estudios serios del impacto vial para autorizar el funcionamiento de cierto tipo de locales.
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La Constitución establece que el interés general prevalece sobre el particular, pero obviamente una cosa es el texto constitucional y otra nuestra práctica cotidiana. Todos los que viven en esos sectores tienen que pagar las consecuencias del caos vial y simplemente aguantarse porque no hay poder humano capaz de terminar con el relajo y la anarquía. Y no es únicamente en los municipios de Santa Catarina Pinula, San José Pinula y Fraijanes donde ocurren esos desmadres, sino que en cualquier lado donde algún pastor o algún empresario (a veces pueden ser lo mismo) decide poner su iglesia o su negocio, violentando lo que podríamos considerar como un orden establecido por los mismos vecinos.
En el caso de los conciertos se puede pensar que uno de grandes dimensiones que provoque atascos como los más recientes no es frecuente, pero en el caso de las iglesias semanalmente y a veces hasta dos o tres veces por semana, congregan tal cantidad de gente que el impacto en el tránsito es tremendo y ni siquiera la presencia de los agentes de la Policía Municipal de Tránsito es suficiente para poner orden y agilizar la circulación de vehículos, sobre todo cuando estos agentes emulan a sus superiores y actúan con absoluta arrogancia y prepotencia para demostrar que son ellos los que mandan, aunque sus instrucciones sean verdaderas barrabasadas.
Para hoy está prevista una reunión entre empresarios encargados de montar conciertos con vecinos del sector para buscar soluciones que eviten grandes atascos, pero la verdad es que no se puede hacer mucho porque las instalaciones se ubican en donde no hay facilidades de acceso y por fuerza tienen que taponear importantes vías. De suerte que es muy poco probable que se pueda conciliar el interés de los vecinos porque resulta físicamente imposible evitar los atascos si hay afluencia extraordinaria de vehículos.
Pero es importante que las autoridades entiendan que si continuamos permitiendo que se construya sin planificación o que se instalen negocios sin que se aplique un plan de ordenamiento territorial, dentro de poco será imposible la movilidad urbana y eso quiere decir no sólo el municipio de Guatemala, sino todos los que conforman el área metropolitana que es muy grande.
La Municipalidad de Guatemala sigue autorizando la construcción de edificios sin considerar el impacto vial de esas obras porque en algunos casos negocia las licencias a cambio de que los constructores pongan dinero para hacer alguna obra. Al menos eso es lo que dicen cuando se averigua sobre licencias que resultan inexplicables. Pues lo mismo pasa en todas las jurisdicciones y por eso es que el caos y anarquía que estamos sufriendo llega a niveles intolerables que hacen imposible la vida normal y pacífica en la ciudad capital y sus áreas de influencia.
Se cacarea mucho sobre el principio de autoridad, pero la verdad es que cuando prevalecen intereses que pueden considerarse espurios, sale sobrando la noción misma de orden y por eso es que vivimos en completo relajo y anarquía.