Una clasificación de candidatos presidenciales


Hay dos géneros de candidatos presidenciales: modestos y sensatos. El género de los modestos está constituido por quienes tienen la certeza absoluta de que jamás serán electos; y en un proceso electoral obtienen una cantidad tan exigua de votos, que ni aun ellos parecen haber votado por ellos mismos. El género de los sensatos está constituido por quienes tienen la certeza relativa de que pueden ser electos; y en un proceso electoral obtienen la mayor cantidad de votos, incluida la necesaria para ocupar una decorosa tercera o cuarta posición.

Luis Enrique Pérez

El género de los modestos se divide en dos especies: los genealogistas y los frustrados. La especie de los genealogistas está constituida por quienes sólo quieren que sus hijos, nietos, bisnietos y, en general, toda su descendencia genética hasta el fin del mundo, se ufane de tener un antecesor que fue candidato presidencial. La especie de los frustrados está constituida por los candidatos que ansí­an tener la importancia social que nunca han tenido, ni hubieran podido tener, ni deberí­an haber tenido.

El género de los sensatos también se divide en dos especies: los persistentes y los desertores. La especie de los persistentes está constituida por quienes no triunfaron en el primer proceso electoral en el que compitieron; pero están dispuestos a competir nuevamente. La especie de los desertores está constituida por quienes no triunfaron, y desisten de ser nuevamente candidatos. Puede desertar el candidato que era la peor opción electoral; pero también puede desertar el candidato que era la mejor opción.

Cada especie de cada uno de los dos géneros se divide en dos variedades: los imbéciles y los bufones. La variedad de los imbéciles está constituida por quienes tienen un grado de inteligencia que ambiciona competir con el grado de inteligencia de un simio selvático. Ellos demuestran que la democracia puede tolerar, respetar y preferir la suma estupidez, y hasta complacerse en ella. La variedad de los bufones está constituida por quienes merecen más carcajadas que votos, no porque posean talento para divertir, sino porque poseen aptitud para ser ridí­culos. Ellos demuestran que la democracia puede ser humorí­stica

Adviértase que, en tan imperfecta clasificación, un candidato presidencial que pertenece a uno de los dos géneros, puede pertenecer también a una variedad del otro género. Por ejemplo, un candidato que pertenece al género de los sensatos, puede pertenecer también a la variedad de los imbéciles, o a la variedad de los bufones. Es decir, el candidato presidencial electo, que pertenece al género de los sensatos, puede ser un imbécil, o un bufón. Hasta puede ser una sí­ntesis maravillosa de imbecilidad y bufonerí­a.

Esa imperfecta clasificación es clasificación de candidatos presidenciales. No es, pues, clasificación de quienes ejercen la Presidencia de la República. Quienes la ejercen, pueden ser objeto de clasificación propia, porque hay una diferencia de naturaleza entre ser candidato presidencial, y ser el Presidente de la República. Entonces, por ejemplo, puede haber cuatro géneros de presidentes: aptos y honestos, aptos y corruptos, ineptos y honestos, e ineptos y corruptos. El mejor género es el de los aptos y honestos. El peor es el de los ineptos y corruptos.

Post scriptum. Entre un Presidente de la República apto, pero corrupto, y uno inepto pero honesto, ¿cuál serí­a mejor? Plantéase esta cuestión, en el caso de que no fuera posible evitar la aptitud corrupta, o la honestidad inepta?