¡Oh excelsos magistrados de la CC, leed este texto!


    Este artí­culo está dedicado a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad que apegados a la letra muerta de la Ley y según su interpretación personal, por muy instruidos que jurí­dicamente sean, emitieron un fallo que favorece a una empresa productora de cigarrillos, que dejará de pagar Q134 millones anuales al fisco, de los cuales casi Q18 millones se destinaban al Ministerio de Salud.

Eduardo Villatoro

   Aduciendo doble tributación, la compañí­a British American Tobacco C .A interpuso un recurso de inconstitucionalidad, que los generosos integrantes de la CC declararon con lugar, sin tomar en consideración aspectos inherentes a la salud de los guatemaltecos, especialmente los jóvenes que, seducidos por la publicidad engañosa de las empresas tabacaleras, se inician en el vicio de fumar.

   Esos talentosos magistrados quizá ignoran que en Guatemala la adicción al tabaco es responsable del 20% de los fallecimientos de origen cardiovascular en personas mayores de 65 años, y en menores de esa edad es causante del 45% de las muertes cardí­acas. No se cuenta con estadí­sticas reales en lo que atañe al número de guatemaltecos que mueren anualmente a causa de fumar, pero se tienen datos que señalan que en los paí­ses subdesarrollados mueren cada año alrededor de 2.5 millones de fumadores, y en todo el mundo cada 10 segundos fallece una persona adicta al tabaco, de modo que si usted, ¡Oh circunspecto magistrado de la CC!, lee este artí­culo en cinco minutos, en vista de su alta capacidad de comprensión que va de la mano con su oculta responsabilidad social, 30 personas habrán expirado en todo el planeta durante este corto lapso. .

   A corto plazo, el hábito de fumar provoca mal aliento, altera la voz y  también dificulta la actividad deportiva, afectando la respiración, con lo que disminuye la capacidad de practicar cualquier deporte, ¡Oh atlético intérprete de la Ley!, así­ como afecta el sentido del gusto y deteriora el del olfato; además, la nicotina provoca mal aliento, exceso de salivación y empalidece la piel por la acumulación de tóxicos.

   A mediano plazo, ¡Oh experimentado jurista!, el consumo de tabaco destruye los pulmones, con bronquitis crónica, así­ como la dentadura; provoca la caí­da del cabello; desgasta o elimina la actividad sexual, de manera que la impotencia se presenta prematuramente porque la nicotina produce disminución de la circulación en los órganos genitales.

   A largo plazo, ¡Oh estudioso togado!, el cigarrillo produce cáncer del pulmón, y también causa cáncer en la cavidad oral, es decir, en la lengua, las glándulas salivales, la boca y la faringe. Por si fuera poco, ¡Oh preclaro intérprete de la Constitución! el consumo de tabaco también produce cáncer en la vejiga y el riñón; y, como usted lo debe saber, ¡Oh sensata magistrada!, fumar arruina las uñas de las mujeres y estropea su delicada epidermis.

   Pero también a corto plazo el cigarrillo es nocivo para la salud, ¡Oh sabio jurisconsulto!, porque afecta la salud de todas las personas que se encuentran alrededor del fumador, y, de esa cuenta, el hábito de fumar de los padres influye en la salud de sus hijos desde antes que nazcan y a lo largo de toda su infancia. Lo peor, ¡Oh feliz magistrada de la CC!, es que las madres fumadoras están más expuestas a altos í­ndices de aborto «espontáneo» y muerte fetal, y sus hijos recién nacidos vienen al mundo con un peso promedio inferior a los bebés que no estuvieron expuestos al humo del cigarrillo.

   Pero lo poco que he escrito al respecto, ni cosquillas causa a las ganancias de las tabacaleras, ¡Oh excelsos magistrados!

   (El gí¼izache Romualdo Tishudo cita a Fernán Caballeros: «Sé justo antes de ser generoso; sé humano antes de ser justo». Por aparte, mi fiel amigo y yo agradecemos la gentileza de la licenciada Litza de Escobar).