«Â¡Oliverio está en las calles exigiendo libertad!»
Consigna popular
Al final del libro «Oliverio, una biografía del secretario general de la AEU 1978-1979», auspiciado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Secretaría de la Paz (SEPAZ), su autor, Ricardo Sáenz de Tejada, incluyó una sección de «agradecimientos y notas metodológicas» en donde, a grandes rasgos, nos comenta el proceso de reconstrucción de la vida de uno de los estudiantes más emblemáticos de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
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Trabajo difícil de entrada, sobre todo porque existe un discurso que aboga por el olvido de los hechos del pasado, aun cuando se trate de la lucha de un muchacho universitario de 23 años y de su asesinato por parte de las fuerzas represivas durante el gobierno de facto del militar Romeo Lucas García. «La investigación», señala Sáenz de Tejada, «se orientó a tratar de entender qué llevo a un estudiante acomodado a la primera línea de fuego y la respuesta a esto no estaba sólo en el entorno, sino también en el individuo.»
Planteamiento interesante en estos tiempos, cuando las opciones políticas dirigidas a la juventud están destinadas a la imposición de la estupidez y no al ejercicio de la crítica, del compromiso a la organización y de la lucha por una sociedad mejor. Tan lejanos que parecen esos tiempos, esa década de 1970 cuando estudiantes de la Usac, hombres y mujeres, se las jugaron por una sociedad mejor.
Y es que la violencia militar y paramilitar arrasó con todo. Miles de hombres y mujeres que se valieron de argumentos contundentes para resistir a la represión militar, que resguardaba los intereses en nuestro país de las élites económicas nacionales y de los de Estados Unidos, fueron ejecutados extrajudicialmente, como es el caso de Oliverio. Arrasaron con nuestros referentes. Por ello, también, es importante conocer el trabajo de Sáenz de Tejada.
El autor, pese a la imposibilidad de realizar un trabajo social desde la objetividad, dibuja la personalidad de Oliverio. «Aunque se reconoce la importancia que su liderazgo tuvo para la AEU y para el movimiento social urbano entre mayo y octubre de 1978, el peso individual de Oliverio fue limitado. Asimismo, sus características personales y su trayectoria política no son las comunes de los estudiantes universitarios del período. Aunque el movimiento estudiantil era numeroso, no todos sus miembros asumieron el tipo de compromisos hechos por el secretario general de la AEU ni desafiaron individualmente a los represores», señala Sáenz de Tejada.
El trabajo está logrado. Contamos con un documento que retrata el proceso de un joven que buscaba caminos de lucha para transformar la realidad que veía desde su posición acomodada. Un joven que sabía muy bien que la lástima hacia las necesidades de la población pobre únicamente lleva a la caridad y a la imposibilidad de encontrar soluciones de fondo. Un muchacho que necesitaba argumentos científicos para encaminar la lucha hacia un sistema que genera violencia.
Sobre el planteamiento de la inutilidad de las ideologías, Ricardo Sáenz de Tejada descubrió a Oliverio como un militante activo de la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT), organización del partido político comunista Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT).
El 20 de octubre de 1978 Oliverio cayó muerto frente a la puerta del Pasaje Rubio, momentos después de haber pronunciado un discurso sobre la Revolución de 1944. Durante el sepelio y el entierro, la familia solicitó silencio. Sin embargo, en los corazones de quienes luchaban por la dignificación del ser humano, había un grito de rebeldía. Ese grito persiste y, aunque los tiempos nos han traído tantos cambios, nos vuelve sobre los pasos recorridos para expresar que la lucha, es por la vida.