Paz


El diccionario de la Real Academia Española contempla como una de las acepciones de PAZ, la siguiente: «Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos».

Marí­a Mercedes Marroquí­n de Pemueller

La paz es un bien preciado para todos y escaso. Lastimosamente no reina en las familias y por ende está ausente en la sociedad. En nuestro paí­s se demanda SEGURIDAD, pero debemos aspirar a la PAZ para gozar de la primera. í‰sta es una responsabilidad de todos, de una u otra forma, la persona forma parte de una familia y ahí­ debe tener lugar la buena correspondencia, el saludo cordial y amable, la genuina preocupación por las necesidades ajenas.

La clave de la acepción arriba transcrita, es «ESPECIALMENTE EN LAS FAMILIAS». Desde que cursamos los primeros años de la primaria, se nos hizo saber que la paz empieza en casa; en el seno de una familia.

Nuestro paí­s está atravesando una época muy difí­cil, con una palpable ausencia de paz. Para constatarlo, no hace falta más que estar despiertos, a veces hasta dormidos podemos sentir la ausencia de paz que nos aqueja.

Quienes hemos asumido el compromiso de rescatar a nuestro paí­s, debemos saber que el esfuerzo empieza en las raí­ces de nuestras familias al ejercitar el respeto a la opinión de los demás y la tolerancia, sin que esto signifique sacrificar la aguerrida defensa de nuestros principios y de la verdad.  El poder de convicción y de cambio, necesita como cimiento el respeto y, seguro, tendremos mayor poder de convencimiento y liderazgo, siendo respetuosos.

La juventud debe defender la paz como el bien necesario para desarrollar los demás que integran su escala de valor. Sin la tan añorada paz, no habrá prosperidad.

Propongo como plan de acción, compartir con nuestros seres queridos, en casa, en el trabajo, en la comunidad a la que pertenecemos, la antes transcrita acepción de paz, haciendo hincapié en que el punto de partida es el hogar. Con la familia en la sobremesa de la cena, con los compañeros de trabajo en el consabido cafecito, analizar esos temas que a veces en el transcurrir del dí­a, pueden causarnos enojo, molestia, contrariedad; tratando de encontrar la razón o motivo del acto u omisión que generó la molestia, probablemente en la mayorí­a de casos sin aceptar la razón o motivo como justo, pero al menos con esa información a mano. A sabiendas que hoy puedo ser yo a quien perturba la opinión o manera de actuar ajena y que en un futuro puedo ser el sujeto activo de esa ecuación.

Mencioné antes que la tolerancia de ninguna manera debe sacrificar la defensa de la verdad. Debemos ser capaces de extendernos la mano con compatriotas que profesan otro credo, que apoyan a «x» o «y» agrupación polí­tica, defendiendo con carácter la religión que profesamos, la ideologí­a que defendemos y edificamos; dependerá del carácter, el arrastre que tengamos.