Reflexiones del embajador McFarland


Ayer el embajador de los Estados Unido, Stephen McFarland, hizo entrega de un donativo de su paí­s para financiar las actividades de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala y comentó que tiene poco sentido seguir invirtiendo en los programas de apoyo a la seguridad y justicia si no se cuenta con las personas idóneas para realizarlos. Concretamente hablaba el Embajador de la elección de Presidente de la Corte Suprema de Justicia, del Fiscal General y del Contralor de Cuentas.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

No faltarán los que digan que el Embajador de Estados Unidos se está entrometiendo en las cuestiones internas de las instituciones nacionales al emitir esa opinión, pero tiene absoluta lógica lo que dijo porque su paí­s, junto a varios miembros de la comunidad internacional, están apoyando con recursos y con asesorí­a, esos programas que persiguen el fortalecimiento de los programas de justicia y seguridad en Guatemala y por lo tanto es natural que se pregunten si esa ayuda tiene sentido en un paí­s donde la voluntad polí­tica de acompañar el esfuerzo no se ve con rotunda claridad.

Los guatemaltecos vemos el proceso de descomposición institucional sin que en realidad nos preocupe mucho. Salvo uno que otro ciudadano y muy escasos sectores, el resto de la población continúa con su rutina como si tal cosa, sin que le inmute ese perverso juego que se ha impuesto en el paí­s para propiciar el deterioro de las instituciones de manera que puedan ser fácilmente controladas por poderes ocultos que tienen una agenda definida desde hace muchos años.

Ya en el perí­odo pasado vimos que la Corte Suprema de Justicia no elegí­a Presidente durante casi un año y la vida siguió como si nada y ahora el grueso de la población no se preocupa por entender qué es lo que está en juego y muchos afirman, con cí­nica razón, que al final de cuentas lo mismo darí­a Chana que Juana y que al ciudadano común y corriente no le significan nada esas discrepancias que atribuye a pleitos por ambiciones personales.

En el mismo acto en el que el embajador McFarland hizo su observación, el Comisionado de la CICIG explicó que al fin y al cabo los guatemaltecos tendrán el paí­s que los habitantes de este paí­s quieran construir. No es la CICIG ni el apoyo internacional lo que nos permitirá fortalecer los procesos de mejoramiento de la justicia ni los que harán que vivamos en un paí­s más seguro. Dependerá básicamente de que el pueblo tenga la voluntad polí­tica y el compromiso de propiciar las transformaciones que hacen falta. Por supuesto que nos falta muchí­simo camino por recorrer para asumir ese compromiso porque ni siquiera como colectivo social tenemos claridad de cuán grave es el problema que estamos sufriendo.

Otro tema importante que tocó el Embajador es en respuesta a una declaración oficial de que ha aumentado el decomiso de droga. Con toda propiedad dijo McFarland que el tema no es cuántos kilos se decomisan, sino cuántas estructuras criminales se desmantelan y en ese campo andamos en pañales. Algunos sostienen que las incautaciones de droga que se dan son posibles únicamente cuando entre los carteles se queman unos a otros, pero que no hay una polí­tica para enfrentar a los grupos que se dedican a ese comercio. Exaltó el diplomático, eso sí­, la captura del narco cuya extradición ha pedido su paí­s y que habí­a logrado escapar de Tikal Futura, como un ejemplo de acción decidida en la lí­nea correcta. Ojalá que no se cansen los que invierten en fortalecer los programas de seguridad y justicia, porque si lo hacen, nos quedaremos totalmente a la deriva.