El grave accidente que se produjese en la mina San José, localizada en el desierto de Atacama, a inmediaciones de Copiapó, ha servido para que el mundo vea, compruebe el espíritu del pueblo de ese país y en particular de este pequeño grupo de 32 mineros chilenos y un boliviano, que desde el primer momento en que fueron localizados evidenciaron su temple, su espíritu, su solidaridad y su gallardía, la cual los mantuvo vivos y unidos dentro de la mina, sentimientos que también compartieron plenamente sus familiares y compañeros en la superficie donde crearon el campamento que llamaron significativamente «Esperanza».
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De las primeras expresiones que el mundo escuchó al lograrse la primera comunicación con los mineros atrapados a más de 600 metros fue el grito de: «Chi, chi, chi, le, le, le, viva Chile», expresión que coincidió con las 33 banderas nacionales que su familia colocó rodeando el área donde se efectuaron las primeras perforaciones o sondeos.
No ha pasado un día, una comunicación en la que los mineros y sus familiares dejen de evidenciar su identidad, arraigada y retroalimentada por la gallarda historia de la República de Chile. Basta recordar la valentía del pueblo araucano con un Lautaro, con un Caupolicán, con una Fresia, antepasados de ese pueblo y de esas tierras.
La nacionalidad chilena está cimentada a través de su historia. Basta recordar a un Arturo Prat en la batalla naval de Iquique donde gloriosamente luchó y murió defendiendo a su país. Otra muestra es también la toma del Morro de Arica, fortaleza que se consideraba por los europeos inexpugnable y que los chilenos conquistaron en menos de una hora. También es muestra de esa forma de ser la batalla de La Concepción acontecida un 9 y 10 de julio donde defendiendo su bandera y su forma de ser murieron los hombres y las mujeres que se encontraban en ese avanzado puesto dentro de la Cordillera de los Andes.
Al igual que todos estos hechos, desde el fondo de la mina San José, los chilenos dan un nuevo ejemplo a América Latina y a todo el mundo. No los doblegan las circunstancias, sufren los más graves terremotos y maremotos y resurgen casi de inmediato como ha acontecido en la más reciente tragedia provocada por la naturaleza y que afectara Talcahuano, Concepción e inmediaciones. La tragedia se ha convertido en un estímulo para que la economía de ese ejemplar país alcance nuevamente un crecimiento superior al 6 por ciento del PIB.
En qué parte del mundo los medios televisivos, escritos y radiales no han transmitido todos y cada uno de los días que ha durado el rescate de estos 33 ejemplares seres humanos. Cómo dejar de admirar y reconocer que a la salida de cada uno de los mineros de la cápsula, pintada con los colores de la bandera de Chile, todos y cada uno de ellos han expresado su alegría y su sentimiento patrio, su amor y su solidaridad por su familia y demás seres queridos. El ejemplo incluye al minero boliviano, quien a su salida de las profundidades de la mina San José recibió dos banderas como obsequio por su renacimiento: la bandera de Chile y la de Bolivia con los nombres de cada uno de sus compañeros mineros.
Qué hermoso y gran ejemplo el que el presidente Piñera, su esposa, su ministro y demás autoridades han dado día a día; qué elogiable e importante es que además de rescatar a estos valientes mineros, el Presidente haya indicado que se elevarán las garantías a todos los trabajadores de Chile; qué aleccionador que el Presidente de este país se preocupe por el bien común y el progreso social y económico de todos sus ciudadanos y nadie lo critique. ¡Viva Chile… tierra querida!
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