Me siento a escribir con el corazón en la mano. Vengo de abrazar a un papá, que al igual que los miles que han sufrido por la violencia, clama que su hija no sea una estadística más.
pmarroquin@lahora.com.gt
Hoy en la madrugada perdimos a una amiga, alguien que poseía extraordinarias cualidades, una mente privilegiada, pero sobre todo, una calidad humana invaluable.
Devastado por la situación que vivimos en nuestro país y por ver a tanta gente que uno quiere y estima pasando momentos flacos y duros, hoy me atrevo a hacer un llamado a mis familiares, amigos, compañeros de trabajo y demás, para que demandemos un cambio de actitud que nos permita revertir este hundimiento.
Guatemala está por los suelos, y los guatemaltecos estamos acostumbrados a vivir con la muerte y el dolor diario, nos encontramos sumidos en la peor crisis de nuestra historia y aún nos falta para tocar fondo. La ausencia de valores y principios nos está pasando una factura que no podemos pagar.
Dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí, es algo que si no todos tenemos la respuesta, al menos tenemos una buena noción. Pero la pregunta es ¿qué vamos a hacer para que esas familias que hoy sufren por la violencia, encuentren una esperanza y tengan más que una estadística?
Si la violencia aún no ha tocado a nuestra puerta, está rondando por ahí y no podemos esperar a que nos encuentre para reaccionar.
El legado de una mujer que recién había regresado de su especialización y de los miles que han muerto ante la indiferencia de todos, tiene que provocar un cambio de actitud que nos permita enfrentar nuestros grandes problemas.
Si 5 o 10 personas deciden entrarle de lleno a la situación, no lograrán nada. Pero si todos, absolutamente todos, nos comprometemos con nosotros mismos, con nuestras familias y con nuestro país, podemos lograr algo positivo. Hoy no vemos la luz al final del túnel, pero debemos reconocer que tampoco la estamos buscando.
Pedirle a nuestras autoridades que hagan algo es ilógico e imposible, porque ellos mismos se benefician de la situación y sería injusto decir que toda la violencia es su culpa, pero sí es sano e importante reconocer, que sus relaciones con las mafias y el crimen organizado han contribuido y mucho a la situación de hoy.
También debemos reconocer que las autoridades que hemos tenido, las que tenemos hoy y las que tendremos el día de mañana, han hecho, hacen y harán lo que quieran, porque cada cuatro años damos un cheque en blanco para que se haga lo que les venga en gana, en lugar de procurar, demandar y exigir que se dediquen a construir una Guatemala mejor.
Decía un amigo, que para llegar a la Presidencia, es necesario tejer una amplia red de alianzas con todos los grupos del país, los «buenos» y los abiertamente malos. Así, ¿cómo vamos a poder tener un cambio? Exigirles a los políticos, que si se meten, sea para generar un cambio real es nuestro deber y apoyar a quien lo haga, nuestra obligación.
Por ende, debemos reaccionar para sacar adelante a este país, el único que tenemos, el mismo que tanto nos ha dado pero que tanto nos ha quitado a la vez.
¿Qué hacer? Yo hoy no tengo la respuesta clara, pero sí sé que si empezamos a procurar una respuesta, a buscar y generar alternativas y lo hacemos con el acompañamiento de todos aquellos que estamos hartos de la situación en la que vivimos, más temprano que tarde vamos a tener respuestas que nos permitan triunfar.
Donald y Claudia y los miles de papás que han sufrido por la violencia, cuenten con nuestro grano de arena, para que desde esta tribuna, contribuyamos a generar un cambio que convierta las estadísticas en respuestas para salir adelante.