Las gringueras I de II


Hoy presento al público lector un girón de nuestra historia contemporánea, relacionado con la estadí­a de las tropas estadounidenses en Guatemala, en las instalaciones de la base militar La Aurora durante los años finales de la década de los 40 y principios de los 50.

Fernando Mollinedo
fermo@intelnet.net.gt

En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Guatemala se convirtió en un «paí­s aliado» de Estados Unidos y de los gobiernos que pretendí­an derrocar al régimen nazi de Adolf Hitler; parte de esa «alianza» se concretó con la declaratoria de guerra que el Estado de Guatemala hizo al gobierno alemán, lo que trajo como una de sus consecuencias, la expropiación de bienes inmuebles y empresariales de ciudadanos alemanes en Guatemala. El ejército de Estados Unidos tuvo necesidad de instalar una base militar en Guatemala con fines especí­ficos para el abastecimiento de combustible a los aviones de guerra que, con destino a Panamá, provení­an del paí­s norteño, así­ como de un inmenso taller de reparaciones mecánicas automotrices y de aviación denominado MAP; lo cual implicó la presencia de cientos de soldados gringos y yanquis, instalados en el área que ahora ocupan los hangares del lado oriente del aeropuerto y las colonias militares Aurora I y II. Por ello, surgió un problema social en ciudad Guatemala, una ciudad pequeña con escasos centros de diversión nocturna; el derroche y ostentación de dólares que compraba conciencias y cuerpos esculturales de morenas guatemaltecas, fue factor determinante para que los «gringos y yanquis» captaran la atención e interés de una gran parte del sector femenino dedicado a la profesión más antigua del mundo, así­ como a las damitas de la «flor y nata» de la sociedad. De esa cuenta hubo muchos matrimonios y arrejuntamientos que culminaron con el arribo de niños y niñas con caracterí­sticas fí­sicas especiales, tales como una mayor talla fí­sica, pigmentación de piel; hogares bilingí¼es en Guatemala y en Estados Unidos; lo que provocó la cólera social de los jóvenes que se vieron desposeí­dos o desprovistos de elementos femeninos nacionales para cultivar el temperamento romántico. A ese gran número de muchachas, novias, traidas, mujeres, amantes, concubinas o parejas de la soldadesca, se les bautizó como las «gringueras» ya que lucí­an del brazo y por la calle cual trofeos a los militares extranjeros. Todo lo anterior, sirva como una relación histórica que demuestra que los gobiernos guatemaltecos tuvieron que permitir la estadí­a militar en suelo patrio. Como corolario; Guatemala al igual que en la época relacionada, también fue campo de diversión para los soldados estadounidenses destacados en la base militar de Palmerola en Honduras, con ocasión de la guerra interna de Nicaragua; eran traí­dos en helicópteros Chinook, cada fin de semana, para su solaz y esparcimiento en los atrayentes clubes nocturnos en la época de los años 80; lo cual significó -según vox pópuli- la incipiente propagación del sida en Guatemala.