Los trabajadores y el impuesto para la reconstrucción


Como un balde de agua frí­a recibieron los diversos sectores de Guatemala, la noticia sobre la propuesta del Ministro de Finanzas Públicas de crear un bono o impuesto único para la reconstrucción del paí­s, el cual afectarí­a a las empresas y a los sueldos de los trabajadores.

Félix Loarca Guzmán

Aún se ignora la proporción en que tal carga tributaria podrí­a aplicarse a las empresas. Lo que sí­ está claro es que la iniciativa apunta a que los asalariados con ingresos de 3 mil a 5 mil quetzales mensuales, tendrí­an que pagar un bono de 200 quetzales, y los que tengan emolumentos superiores a 5 mil, un bono de 500 quetzales.

El Ministro ha señalado que los fondos a recaudarse mediante este tributo, formarí­an parte de la contrapartida del paí­s ante el inminente aporte solidario de 590 millones de dólares, que la comunidad internacional se comprometió esta semana a entregar para colaborar con la reconstrucción de Guatemala, a raí­z de los graves daños que durante el presente año causaron los desastres naturales.

Estamos convencidos que nuestro paí­s tiene que aportar su grano de arena como contrapartida nacional, destinando recursos para su propio beneficio a efecto de enfrentar los desafí­os derivados del cambio climático, pero resulta descabellado que se trate de imponer esa carga tributaria a los grupos de mayor fragilidad económica como son los trabajadores. Tampoco se debe castigar a los pequeños y medianos empresarios.

Para ninguno es un secreto la acción depredadora del sistema económico dominante, que mediante diferentes argucias, chupa los sueldos de los laborantes en relación de dependencia dejándolos sin nada y a veces con grandes deudas.

Quienes deben aportar el bono para la reconstrucción nacional son los grupos de acaudalados que con toda impunidad explotan sin piedad a los trabajadores, como el caso de algunas de las empresas de tarjetas de crédito que cobran intereses leoninos totalmente ilegales cometiendo el delito de usura, ante la tolerancia de la Superintendencia de Bancos y la indiferencia del Procurador de los Derechos Humanos.

Asimismo, el impuesto deberí­a gravar los jugosos ingresos de los altos miembros de los tres organismos del Estado, entre ellos el Presidente de la República, el Vicepresidente, los 158 diputados al Congreso, los Magistrados de Justicia y los Ministros de Gobierno También debe enfocarse hacia los partidos polí­ticos, las millonarias utilidades de las empresas telefónicas, de electricidad, mineras y petroleras, así­ como a los que poseen vehí­culos de lujo.

Descontar el bono a los trabajadores es un crimen, pero cargarlo a los grandes ricos y a los altos funcionarios públicos, serí­a un acto de justicia.