La humanidad entera se centró en las últimas horas en la proeza realizada para rescatar a los mineros chilenos que habían quedado sepultados a centenas de metros de profundidad y por cuya vida tanto se temió. Un esfuerzo descomunal y el derroche tecnológico permitieron ir sacando a la superficie, uno a uno, a esos trabajadores que estaban como enterrados en vida.
Toda la larga odisea es una lección de solidaridad, de entrega y, sobre todo, de la fe de los mineros atrapados que les mantuvo vivos hasta que pudo llegar ayuda esencial para continuar con vida. Y en un mundo en el que abundan las malas noticias y donde la muerte se convierte en foco de la atención de hombres y mujeres alrededor del planeta, es edificante y alentador ver cómo se unieron conciencias, recursos y esfuerzos para lograr una hazaña que muchos comparan con la que llevó al hombre a la Luna, puesto que sacar de las entrañas de la tierra a estos trabajadores que habían quedado atrapados fue en verdad una gesta que quedará para siempre en los anales de la historia.
Como guatemaltecos tenemos que encontrar la lección que nos deja ese esfuerzo de los 33 mineros que nunca se dieron por vencidos a pesar de estar en condiciones de extrema adversidad. Lo más lógico y lo que se creyó al principio fue que el derrumbe adentro de la mina les iba a causar la muerte.
Cuando se tuvieron las primeras noticias de que había sobrevivientes, las esperanzas de rescatarlos con vida no eran abundantes y, por el contrario, había pesimismo sobre cuál podría ser el desenlace dadas las condiciones tan duras y difíciles que se daban para poder llegar al sitio donde se encontraban.
Pero nadie se dio por vencido, ni la empresa minera, ni el gobierno chileno ni, mucho menos, los hombres sepultados a centenas de metros de profundidad. Esa decisión de luchar contra la adversidad, de aferrarse a la idea de que era posible el éxito, fue motor fundamental para lograr el resultado que hoy todos celebramos.
Cuántos países no viven el agobio de situaciones que parecen irresolubles, de crisis que se eternizan hasta provocar el hastío y cansancio de la gente. Pero el ejemplo de esos 33 mineros nos debe servir para entender que no debemos claudicar en nuestros ideales, en nuestras luchas, ni sepultar nuestros sueños. Por difícil que se vea el camino hacia adelante, con determinación y empuje se puede lograr un resultado positivo que le dé vuelta a la historia que parece definida. Esos 32 chilenos y un boliviano nos han dado una lección con su vuelta a la vida.