Que no sea sólo arranque de macho viejo


 El lunes 13 de septiembre publiqué un artí­culo en el que prevení­a al Gobierno de Guatemala acerca de que podrí­an sobrevenir conflictos con paí­ses fronterizos, derivados de la explotación de minas en áreas colindantes con México y El Salvador.

Eduardo Villatoro

No es que me haya convertido en una especie de mago ambientalista, sino que leí­ un despacho de la agencia de noticia IPS, que daba cuenta que el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA) llamaba la atención de la comunidad internacional en torno a proyectos de desarrollos mineros en zonas limí­trofes o con repercusiones bilaterales, que podrí­an causar efectos negativos para las comunidades locales, el ambiente y la seguridad nacional.

Acostumbrados como estamos a que los sucesivos gobiernos de Guatemala actúen cuando ya ha estallado un conflicto, afortunadamente en esta ocasión el Ministerio de Ambiente alertó a la Cancillerí­a guatemalteca sobre la contaminación del rí­o Quichivil, que desemboca en México, para que prevenga a las autoridades del vecino paí­s sobre ese grave problema, provocado por la mina Marlin, que opera en dos municipios de San Marcos cercanos al territorio mexicano.

 Según el viceministro Luis Zurita, la empresa Montana exploradora de esa mina -que sólo desastres está causando a comunidades del altiplano marquense- hizo una descarga de aguas industriales sin la debida autorización y sin que previamente realizara los estudios para garantizar que no se contaminen los rí­os adyacentes, como ocurrió con el Quichivil.

Sin embargo, como también los guatemaltecos estamos acostumbrados a arranques de macho viejo, no serí­a de extrañar que la sensata postura del MARN vaya a engavetarse en el despacho presidencial, porque da la impresión que el Gobierno está más interesado en el miserable uno por ciento que recibe de regalí­as de las millonarias ganancias de Montana, que en proteger los derechos de las comunidades cuyos habitantes son ví­ctimas de enfermedades de la piel provocadas por los efectos contaminantes de la mina Marlin.

 Recuérdese que el Gobierno no se ha inmutado ante la resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, desde el 20 de mayo anterior, planteó al presidente Colom la necesidad de suspender la explotación de oro y plata en la mencionada mina, al acoger una medida cautelar a favor de 18 comunidades indí­genas afectadas por la contaminación minera.

 Conviene señalar que este caso de complicaciones bilaterales no es el único que tarde o temprano el Gobierno de Guatemala debe encarar. Reitero lo que advirtió el OLCA respecto a que otro problema similar puede surgir, esta vez con El Salvador, en vista de que la misma corporación canadiense, por medio de su filial denominada Entre Mares, tiene a su cargo el proyecto Cerro Blanco, en el oriental departamento de Jutiapa, limí­trofe con la vecina nación centroamericana.

 Si no se adoptan las medidas preventivas del caso, existe el riesgo de un conflicto polí­tico con El Salvador, cuyo gobierno puede demostrar legal y fehacientemente que se violan los derechos humanos de la población salvadoreña cercana al proyecto Entre Mares, a causa de la contaminación del rí­o Lempa y del lago Gí¼ija, ubicados entre la frontera de ambos paí­ses y que surten de agua a los habitantes de la región occidental de esa nación.

  (Un ingeniero de cierto proyecto minero le explica breve y sabiamente al ecologista Romualdo Tishudo: – Todo lo hondo…es bien profundo)