Fernando Valdiviezo: historia, identidad y contexto


Por Juan B. Juárez

El jueves recién pasado en la galerí­a El Attico fue inaugurada la exposición titulada «Hablando en plata» del artista Fernando Valdiviezo (Guatemala, 1960) que reúne una serie de dibujos en los que la historia, la identidad y el contexto, más que proporcionar un tema para reflexionar protagonizan un inquietante desencuentro.


Para aclarar el punto de vista de esta interpretación habrí­a que considerar la relación interna que guardan estos conceptos %u2014y estas realidades%u2014 entre sí­, y a partir de allí­ hacernos cargo de lo que significa ese desencuentro y por qué, mostrado tan convincentemente en la obra de este artista, resulta inquietante. Digamos entonces que el concepto de la identidad se refiere propiamente al ser de la persona humana y a la concordancia de ese ser con la manera (conducta) en que se manifiesta. Es obvio que al humano su ser le viene de la historia y que, así­ mismo, su manera de ser se define siempre en un contexto, que también es histórico. Sin embargo, para los guatemalteco y, en general, para los latinoamericanos, la identidad desde hace mucho tiempo %u2014desde el inicio de nuestra historia%u2014 se ha convertido en problema, lo que quiere decir que no nos comportamos consecuentemente con la historia o bien que equivocamos nuestra conducta frente al contexto. El tema de los dibujos de Fernando Valdiviezo es precisamente ese desencuentro: en los obras de la serie «Hablando en plata» no se indaga sobre las raí­ces históricas de la identidad ni se idealiza sobre la realización del hombre en su contexto sino simplemente se constata el hecho de que, en nuestro caso, esos tres factores, por decirlo de alguna manera, simplemente no coinciden. Como no se trata de una hipótesis que haya que desarrollar intelectualmente sino de testimoniar el hecho de esa no coincidencia, los dibujos de Valdiviezo surgen de una vivencia interna angustiante y transmiten esa inquietud que se manifiesta en el espectador como una especie de incomodidad esquiva.

En efecto, los dibujos de la serie «Hablando en plata» de Fernando Valdiviezo acogen el espacio sensible y vital de lo inconsciente, y en ellos convergen, trastocados por una imaginación libre de ataduras lógicas, fragmentos de la realidad concreta, de la memoria personal y colectiva y de deseos y ansiedades aún sin formulación, fundidos por los trazos implacables del artista en imágenes ambiguas y complejas de oscuro y poderoso simbolismo, tras las cuales palpita una persistente inquietud. Es propiamente esa unidad de sentimiento, sumada a la unidad de estilo, lo que sostiene a esas imágenes en su elevada intensidad y las articula como un discurso consecuente con nuestra época, de tal manera que los méritos técnicos del artista (que usualmente es lo que se elogia en una obra) pasan a ser el soporte invisible de la lograda expresión de esa inquietud profunda %u2014logro artí­stico mucho más significativo%u2014 que ya no es producto de la imaginación sino propiamente un estado espiritual sutil y elusivo.

Una buena forma de acceder al significado profundo de estos dibujos es partir de los efectos que producen. Sin duda la incomodidad esquiva que siente el espectador está ya anunciada en los tí­tulos entre filosóficos y poéticos de cada obra pero tiene su verdadera su fuente en los billetes reales que se incluyen en la estructura formal y significativa de cada cuadro y en torno a los cuales se organizan las escenas que se representan en las obras. La ambigí¼edad que introducen estos elementos reside, más que en el hecho de ser material y simbólicamente ajenos al espí­ritu imaginativo del dibujo, en que, fuera de contexto, son signos fallidos de la riqueza, el trabajo y el intercambio y ya no despiertan ningún apetito más que la curiosidad frí­vola ante lo extraño. Pero el significado de los billetes no se limita a lo económico: en el sistema monetario de cada paí­s, los billetes se insertan plenamente en el tejido cultural de la sociedad incorporando en su imagen valores de diferente í­ndole, encarnados por personajes célebres y ejemplares que representan el orgullo y las aspiraciones nacionales. Es para estas celebridades locales que adhieren valor humano al medio circulante que Valdiviezo crea escenarios y tramas imaginarios, los cuales, precisamente por su irreverente y descarnada arbitrariedad, relativizan y diluyen hasta el absurdo los méritos y el significado de la vida de esos personajes solemnes e inmortales que, en los dibujos del artista, agotan su mirada insomne en la insoportable eternidad del sinsentido.

La sola falta de contexto basta para cancelar el sentido de una frase o de un gesto, lo que puede ser triste o lamentable; pero la sustitución del contexto real que rodea a la vida de una persona por otro imaginario %u2014que es, además, absurdo%u2014 crea un equí­voco insuperable que, más que irrisorio, es desgarrador. Y eso es precisamente lo que sucede con las celebridades locales inmortalizadas en los billetes extranjeros, colocados ahora en los escenarios dislocados de Valdiviezo: atados a su incongruente solemnidad, se mueven como sonámbulos en un sueño al que no pertenecen y en el que esencialmente no pueden encajar.

La sustitución de los escenarios que se opera en los dibujos de Valdiviezo no obedece a un juego de posibilidades matemáticas (aunque tales posibilidades existan). La grieta de sentido que se abre en sus inquietantes imágenes no es imaginaria ni constituye un modelo lógico: es propiamente un presentimiento ví­vido y angustioso que contamina algo más que sus sueños, pero que en este artista se manifiesta como la pulsión irrefrenable que funde y confunde los contextos de la realidad y del sueño, como método, sin duda inútil, de restablecer la continuidad de sentido… Pero la inquietud ya ha sido sembrada.

Tal pulsión irrefrenable se puede observar en la manera de «construir» estas imágenes: lí­neas breves y minuciosas, con vida propia, que se agitan como limaduras de imán dispersándose ante la luz y se amontonándose en las zonas oscuras, que se arremolinan aquí­ y allá, obedeciendo no a la intensidad y dirección del viento sino a los vaivenes de la emoción, y que definen con la pareja ambigí¼edad del claroscuro el espacio y el vací­o y las presencias mórbidas y fantasmales que lo habitan. Se trata, en el fondo, de una atmósfera hipnótica y magnética que propicia la «visión» oní­rica que como tal siempre es interna, y que convoca y mantiene unidos a los diversos y heterogéneos objetos que, fuera de ella, remitirí­an a otros contextos, a otros mundos, a los que por naturaleza pertenecen.

Mucho se podrí­a agregar sobre lo que los dibujos de la serie «Hablando en plata» producen, pero nada superará lo que cada quien pueda sentir y pensar al verlos personalmente. La exposición estará abierta hasta el 31 de octubre y el Attico queda en 4ª. Avenida 15-45, zona 14.