La zaga Loutsky


Mi abuela paterna murió durante la epidemia de gripe en 1919, tengo viva su imagen en una fotografí­a de medio cuerpo que veí­a desde niño junto a la cabecera de papá, una mujer de belleza plácida, con el cabello recogido a la usanza de la época, traduciendo señorí­o y bondad. La historia contada en familia era que  sus padres Sergei Loutsky y Olga Ivanov konstantinovich,  habí­an salido de Rusia  por motivos que nadie me explicó.

Doctor Mario Castejón
castejon1936@hotmail.com

 Siendo ya médico, conocí­ a una rama de la familia Loutsky residente en Guatemala tras atender a un niño hijo de Roberto Loutsky, un conocido abogado. Su madre, la señora Marta Aguirre de Loutsky esposa de Alejandro Loutsky primo de mi padre, me obsequió una fotografí­a de Alexander Konstantinovich, abuelo de mi abuela, el gran patriarca de la familia.

En la fotografí­a aparecí­a  un hombre de rostro enérgico,  vistiendo   un uniforme    militar  cuajado de condecoraciones.  Alexander konstantinovich, general del ejército imperial fue al parecer un personaje cercano al zar Alejandro II, quien lo nombró gobernador de Besarabia habiendo luego participado en la conquista de Baku, una provincia vecina al mar Caspio, la fuente más importante del petróleo ruso.

Una de sus hijas  mi bisabuela Olga Ivanov konstantinovich -quien como era costumbre anteponí­a el apellido de la madre -  mientras viví­a con su familia en  San Petesburgo conoció a Sergius Loutsky, un abogado experto en Banca  y Coronel de cosacos, con quien salió de Rusia para salvar la vida  huyendo de incógnitos por el puerto de Odesa en 1880.

Para  ambientar la historia, es importante trasladarse a la Rusia de aquellos tiempos, cuando el zar Alexander II sube al trono recién finalizada la guerra de Crimea en 1856, una guerra que Rusia libró   debilitando al imperio. El nuevo zar  inició una serie de reformas queriendo evitar el desgaste de un régimen  que reuní­a en su persona el poder politico, militar y religioso,  la más sorprendente  de  sus medidas  fue la liberación de los siervos, 50 millones de personas que viví­an en esclavitud y pasaron a ser libres.  Esa y otras reformas  crearon antagonismo al régimen, tanto entre  la nobleza y la burguesí­a, así­ como entre los mujics, los campesinos que vieron reducidas las extensiones de tierra que antes recibí­an de sus dueños,  con lo cual, la producción se vino abajo aumentando el hambre y  abriendo camino a la insurrección. De esa cuenta el zar sufrió cinco atentados entre 1865 y 1882 , en el último murió destrozado por una bomba lanzada por un miembro de la organización terrorista Narodniki. A su muerte, asumió su hijo Alejandro III quien intensificó la represión y abolió las reformas iniciando la persecución sistemática de los enemigos del régimen,  miembros de la clase dirigente, estudiantes, oficiales del ejército y dirigentes populares dando paso al  anarquismo  que  se proponí­a romper con el orden establecido

El motivo por el cual mis bisabuelos Olga Ivanov y Sergius Loutsky huyeron de Rusia está ligado a estos acontecimientos en los que se vio envuelta la familia al involucrarse en una de las conspiraciones.  Lo último que sabemos, es que Alexander Konstantinovich vio morir fusilados  a buena parte de su familia, aunque fue respetada su vida .

Sergius Loutsky y Olga Ivanov mis bisabuelos tuvieron nueve hijos, dos de ellos  murieron a temprana edad, los restantes  con excepción del primogénito Serge y otro más,  nacieron en El Salvador entre 1883 y 1894. Mi abuela Ludmilla Loutsky Ivanov nació en San Salvador en 1890,  se casó  con mi abuelo Carlos Castejón Bosque  en 1908 y tuvieron dos hijos, uno de ellos mi padre Carlos Castejón Loutsky.

Siempre quise viajar a San Petesburgo para tratar de conocer más de cerca la historia  de Alexander Konstantinovich  un personaje de novela, creo que se pasó el tiempo para eso, ahora quizás es el momento de los mas jóvenes para rearmar el rompecabezas y saber con detalle lo que sucedió.

Nota

 

Pido excusas por aprovechar este medio para contar una historia personal, pero hay razones que me obligan a hacerlo.

 

Ovación de pie a Mario Vargas Llosa, los grandes como él son hombres sencillos que no se amargan porque el mundo no les hace justicia.

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