Los servicios de agua potable, energía eléctrica, telefónico, el transporte y las vías de comunicación son calificados como esenciales. Si usted estimado lector se toma la molestia de hacer un análisis de la buena, regular o mala calidad de ellos en la ciudad capital, estimo que no va a ser mucha la diferencia para mal calificarlos, dependiendo siempre del lugar en donde resida, no digamos si para hacer mejor su evaluación toma en cuenta el precio de lo que debe pagar por cada uno de ellos.
No hay que pasar por alto que si la terracería, el asfalto o el pavimento de las calles de la capital están en pésimas condiciones no sólo representa que nuestros impuestos y contribuciones se volatilicen, sino que a todos los vecinos nos causan enormes pérdidas de tiempo, dinero y esfuerzos en reparar aros y llantas, suspensiones y todo tipo de desperfectos mecánicos que los vehículos motorizados padecen. Antes, los guatemaltecos nos quejábamos que el Alcalde le daba preferencia a ciertas zonas de la capital para mantener sus calles, avenidas y calzadas en buenas condiciones, por ejemplo, la 9, la 10 o la 14, pero eso hace rato que pasó a la historia. Ahora, transite usted por las calles aledañas de la Avenida La Reforma o en cualquier aislada ruta de las zonas 7, 8 u 11, que lo mismo da Chana que Juana pues invariablemente, a pesar de sus buenas habilidades conductoras y del aguzado ojo de águila que tenga, su vehículo cae en profundos hoyos, con las consecuencias por todos conocidas.
Pero lo que usted sufra o padezca está visto que a las autoridades les importa un pito y ¿Qué hay del prestigio de las autoridades?, ¿qué decir de las incansables ambiciones para seguir aprisionando La Loba por muchos períodos más? Y ¿adónde han ido a parar nuestros impuestos y contribuciones, si está demostrado que no han sido capaces de mantener siquiera bien asfaltadas las vías, que como las del Periférico son vitales para el mejor desarrollo productivo de la sociedad en que vivimos?
Lo peor de todo es que estas deficiencias luego se contagian. El otro día, rumbo a Villa Canales, pasé por Boca del Monte y no comento los constantes derrumbes que sufre su vía de acceso y salida sino que las calles aledañas, en donde son visibles los chapuces, parches o remiendos, que solamente sirven si mucho para 24 horas, porque al primer chaparrón que cae, los boquetes y lodazales quedan de nuevo a la vista. Cabe hacer notar que gracias a Dios la lluvia ha menguado considerablemente los días previos en que escribo esta columna, por lo que pregunto ¿Por qué no vemos en Su Muni al menos un leve esfuerzo para tapar tantos hoyos dejados al descubierto? o ¿Esperan que también los capitalinos salgamos a bloquear las calles, más de lo que están?