Los sucesos en Petén, explicados por el Gobierno como una especie de reacción de los narcotraficantes ante la «presión que contra ellos ejercen», son en realidad una muestra de la patética debilidad del Estado que no tiene ni medios ni voluntad para asumir el papel que le corresponde en el control de la seguridad ciudadana.
En efecto, sea porque los narcos iban a realizar un tumbe de droga o porque quieren adueñarse de fincas de la región para facilitar sus actividades, lo cierto del caso es que el Estado no tiene en verdad capacidad de ejercer control sobre ellos. Si revisamos los decomisos de droga o de dinero que se hacen anualmente veremos que no llegan siquiera a ser el uno por ciento de todo lo que se pasa por Guatemala en su ruta a Estados Unidos y de esa cuenta no es exagerado decir que para ellos la actividad gubernamental no representa en realidad ningún problema serio.
Las capturas eventuales de algunos narcos no llegan a los más altos niveles y, en todo caso, los carteles son sustituibles. En Petén es muy probable que el desplante armado haya sido para desbancar a alguno de los grupos que operan en la región mediante una demostración de fuerza, práctica muy común entre los grupos que trafican con estupefacientes.
Habría que ser realmente ingenuo para pensar que los carteles de la droga están dando patadas de ahogado y que por el «acoso» que ejerce sobre ellos la autoridad en el gobierno del señor Colom es que están reaccionando de manera violenta. La verdad es que se trata de afianzar su poderío y control de regiones completas y que no existe capacidad de respuesta para contener el avance de esos grupos, lo cual es sumamente peligroso para la institucionalidad del país.
No podemos pensar que existen condiciones de gobernabilidad si hay regiones en las que los grupos del crimen organizado asientan su ley y ejercen control absoluto, inclusive contando con protección abierta y formal de los mismos agentes de seguridad como se ha visto en varios casos. Los «golpes al narcotráfico» que señala el Gobierno son en realidad poco representativos en comparación con la cantidad de droga y dinero que se mueve en el país. En el caso de Petén todo apunta a un esfuerzo por afianzar control y presencia de alguno de los grupos y por ello ese despliegue que causó una conmoción realmente sin precedentes debe entenderse como un golpe a un estado debilitado y carente de capacidad para enfrentar el enorme desafío que representa la actividad del narcotráfico.