Rousseff y Serra en busca de votos de ecologistas y creyentes


Marina Silva, tercer lugar en las Presidenciales de Brasil, es la pieza clave para el balotaje. Si ella determina dar apoyo a uno de los candidatos, podrí­a inclinar la balanza a su favor, siempre y cuando accedan a incorporar una agenda medioambiental en sus polí­ticas. FOTO LA HORA: AFP Mauricio LIMA

Los dos candidatos a la Presidencia de Brasil, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, afinaban estrategias hoy en busca de aliarse con la ambientalista evangélica Marina Silva, cuyos votos podrí­an definir el próximo presidente brasileño.


Sin embargo, la ex candidata dejó claro ya ayer, menos de un dí­a después de la elección en la que tuvo una formidable y sorpresiva votación de casi 20%, que será con su Partido Verde que definirá si habrá apoyo a alguno de los dos finalistas para el balotaje del 31 de octubre.

En tanto, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, que no formuló comentario alguno sobre los resultados de las elecciones del domingo, en las cuales su delfina resultó vencedora pero sin los votos suficientes para ganar en primera vuelta, tomó las riendas de la campaña y convocó el martes a Brasilia a los gobernadores y senadores de su coalición para montar la estrategia electoral.

«Estoy absolutamente seguro de que los gobernadores, senadores y diputados electos participarán activamente de la campaña de nuestra candidata para la segunda vuelta. Su apoyo va a ser fundamental», dijo a la prensa el ministro de Relaciones Institucionales, Alexandre Padilha.

La ex ministra Dilma Rousseff dijo el lunes por la noche que buscará obtener el apoyo de Silva, con quien ve «más similitudes que diferencias».

«Llamé hoy a Marina (…). Me pareció poco delicado comenzar a negociar. Pero vamos a conversar sobre ello, y espero ser correspondida en ese interés», dijo Rousseff en rueda de prensa.

El Partido Verde «no pertenece al bloque partidario que me apoya. Si se quieren sumar en este segundo turno, serán bienvenidos», afirmó la candidata oficialista.

En tanto, su rival socialdemócrata, el ex gobernador de Sao Paulo José Serra, señaló que su partido tiene una «gran proximidad» con los verdes, y dijo que, de resultar electo, los temas ambientales no serán tratados como «un apéndice» y tendrán prioridad, en un claro intento de acercamiento a la ex ministra de Medio Ambiente.

Silva, quien dejó el gobierno de Lula desconforme con el tratamiento de la cuestión de la protección ambiental en el actual Ejecutivo, dijo que no tiene «una posición a priori» sobre un eventual apoyo a alguno de los candidatos, y aclaró que la decisión será tomada en consulta con su Partido Verde en una convención a realizarse en 15 dí­as, en fecha que no precisó.

«Ayer estaba en el PT. Es natural que haya un acercamiento. Hay sectores (del oficialista Partido de los Trabajadores) muy cercanos a Marina», dijo uno de los responsables de la campaña de Dilma, José Eduardo Cardozo.

Pero la evangélica Marina Silva no representa sólo el voto de quienes sufragaron por el Partido Verde.

Dilma Rousseff y sus aliados lanzaron un movimiento para intentar contener la hemorragia de votos de sectores religiosos conservadores, tanto católicos como evangélicos, que según los expertos se constató en la primera vuelta a causa de la postura del PT favorable a la despenalización del aborto.

En muchas iglesias y templos evangélicos, curas y pastores llamaron a sus seguidores a no votar por Rousseff, según el senador y ex lí­der de la principal y poderosa iglesia evangélica de Brasil, Marcelo Crivella.

Según el diario Folha, el PT estarí­a evaluando retirar la legalización del aborto de su programa de gobierno.

«No creo que se vaya a revisar eso», se limitó a responder una fuente del comité de campaña de Rousseff consultada por la AFP este martes.

La ví­spera de la elección, Rousseff se presentó públicamente junto a lí­deres religiosos y de varias confesiones en Brasil -el paí­s con mayor número de católicos del mundo-, para afirmar: «Estoy personalmente contra el aborto», pero apoyarí­a la despenalización por una «cuestión de salud pública», para evitar la muerte de miles de mujeres por año en abortos clandestinos en Brasil.

Serra en cambio se opone a modificar la actual legislación que penaliza la práctica salvo en casos de violación o riesgo de vida para la madre.

MARINA SILVA Impone agenda


El inesperado éxito electoral de la candidata verde Marina Silva en Brasil convierte al medio ambiente en protagonista de las elecciones presidenciales y obligará al próximo presidente que gobierne el gigantesco paí­s amazónico a adoptar una agenda ecológica.

Los candidatos que disputarán la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas el 31 de octubre, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, necesitan de los valiosos veinte millones de votos conseguidos por esta reconocida ambientalista para llegar a la Presidencia de Brasil.

«Es impensable que los presidenciables consigan esos votos sin incorporar, al menos en parte, las cuestiones ambientales que Marina Silva defendió en la campaña; sin duda, el medio ambiente tendrá que ocupar un lugar en el centro de la agenda de los candidatos, que meses atrás prestaron poca atención a ese asunto», estimó a la AFP el politólogo y consultor Rodolfo Teixeira.

«Se acabó ese mito de que el polí­tico que defiende el medio ambiente en Brasil pierde votos: el resultado de la elección el domingo mostró que Marina Silva obtuvo 20 millones de votos y que los diputados que se identificaron con la deforestación perdieron electores y algunos no resultaron electos», destacó en un editorial el martes la organización ambientalista Greenpeace.

«El candidato presidencial que decida ignorar las cuestiones ambientales a partir de ahora, corre el riesgo de perder al elector», advirtió.

Nacida en una comunidad de colectores de caucho en el corazón de la Amazoní­a, hace 52 años, Marina Silva irrumpió en la campaña presidencial con la defensa de una economí­a verde para este paí­s que acoge la mayor selva tropical del planeta y que ejerce un papel clave para combatir el problema del calentamiento global en el mundo, pero que además tiene una creciente industria y agropecuaria que a menudo compite con el medio ambiente.

«En un paí­s como Brasil, la agenda ecológica que los presidenciables tendrán que asumir va mucho más allá de preservar el medio ambiente, significa una planificación estratégica a mediano y largo plazo sobre cómo podremos aprovechar mejor los recursos y también una nueva evaluación de las grandes obras en la Amazoní­a y el aprovechamiento del petróleo», en los gigantes yacimientos que Brasil descubrió en aguas ultraprofundas de su costa, dijo Teixeira.

La ambientalista que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva nombró ministra de Medio Ambiente al llegar al poder en 2003 y que el domingo fue la revelación de la elección al conseguir 20% de los votos que forzaron el segundo turno electoral, no ha dicho aún si apoyará a alguno de los dos candidatos en esta segunda vuelta.

Pero dejó claro que la protección del medio ambiente tendrá que estar en la agenda del postulante si quieren conquistar a sus electores.

El socialdemócrata José Serra, ex gobernador del industrial estado de Sao Paulo y que llevó 32,1% de los votos el domingo, ya dijo el lunes que quiere «una aproximación» con el Partido Verde de Marina Silva, y que el medio ambiente es prioritario para él.

La heredera de Lula, Dilma Rousseff, favorita al segundo turno y que llevó 46,7% del voto el domingo, también sostuvo que quiere negociar el apoyo de la que fue su compañera en el gobierno y en el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), de los que Silva salió por considerar que no defendí­an la causa ambiental.

Marina Silva atrajo en esta campaña a los ambientalistas que vieron la posibilidad de impulsar su agenda en las más altas esferas polí­ticas del paí­s, donde el sector agropecuario ha tenido tradicionalmente una fuerte influencia.

Pero también fue receptora de un voto variopinto: desde el brasileño que buscaba una tercera ví­a al bipartidismo presidencial, hasta las iglesias evangélicas que huyeron de Rousseff por entender que defenderá el aborto.