¿Inseguridad ciudadana: invento de los medios de comunicación o realidad?


La respuesta puede estar en una investigación realizada por el colombiano Germán Rey: «El Cuerpo del Delito, Representación y narrativas mediáticas de la (in)seguridad ciudadana» (2005) que examina el contenido de los diarios latinoamericanos sobre el tema de seguridad ciudadana desde una perspectiva cotidiana del delito. Este extraordinario ejercicio analí­tico abordó 13 periódicos del continente, del 20 de noviembre al 15 de diciembre de 2004 y fue patrocinado por el Centro de Competencia en Comunicación para América Latina, de la Fundación Friedrich Ebert -C3FES- sede Colombia. Este no es un resumen del interesante texto, sino una presentación sucinta para discutir el tema, que ha sido casi olvidado en Guatemala.

Ramiro Mac Donald
http://ramiromacdonald.blogspot.es/

¿Cuáles son los temas de las noticias de delitos? ¿Cómo se tratan? ¿Quiénes actúan en el tema de la inseguridad? Con estas preguntas arranca y con los resultados de una encuesta de victimización realizada en Colombia en el 2004: se le preguntó a entrevistados de varias ciudades, las razones que explicarí­an la sensación de inseguridad que sufren y respondieron que era por la poca policí­a y la existencia de grupos delincuenciales, como los dos temas centrales. Sólo en Medellí­n, la ciudad que ha registrado en el pasado los í­ndices más altos de criminalidad en ese paí­s y en la región, se anota que la inseguridad se debe fundamentalmente a las noticias que difunden los medios de comunicación.

Curiosamente no hay diferencias entre la representación que hacen los medios de la violencia en Medellí­n con otras ciudades del continente, por lo menos en lo que se refiere a la prensa escrita, según queda relativamente claro en éste estudio sobre la representación de la violencia, en las páginas de los periódicos de América, cinco de ellos centroamericanos, ninguno chapí­n.

Germán Rey cita a Beatriz Zarlo, quien escribe en su libro Violencia en las ciudades: «Cuando tanto los sectores populares como las capas medias (por razones diferentes y desigualmente fundadas) sienten que el Estado ha dejado de darles la seguridad que, por definición, le toca garantizar, se debilitan los motivos de pertenencia que, en la tradición filosófico-polí­tica y sus narraciones fundadoras, sustentan el contrato de producción de lo estatal». Y es precisamente el Estado uno de los primeros que sufre los movimientos de la inconformidad ciudadana ante la inseguridad. A tal grado que para muchos gobiernos el tema se convierte en uno de los pilares de su gobernabilidad y en motivo permanente de la evaluación ciudadana de su gestión.

En su obra En busca de la polí­tica, Zygmunt Bauman afirma que «desde ya más de una década, las promesas de ser implacables ante el delito y de aumentar el número de criminales condenados a muerte han figurado de hecho como primer tema de los programas electorales, independientemente de la denominación polí­tica del candidato. Para los polí­ticos actuales o aspirantes, el fortalecimiento de la pena de muerte es el billete ganador de la loterí­a de la popularidad. Inversamente, la oposición a la pena capital implica el suicidio polí­tico».

¿No le parece coincidente ésta situación en Guatemala, con la asumida últimamente por el Partido Patriota -PP- o el partido Libertad Democrática Renovada -LIDER-? Ambos han iniciado, en forma ilegal, la campaña polí­tica con vistas a las elecciones del 2011, con propaganda abierta que responde exactamente a lo planeado por Bauman, citado por Rey.

Un tema es que los polí­ticos en campaña, azuzan a la población, es decir estimulan, irritan a los posibles votantes (para después utilizar, léase manipular esos estí­mulos, a su favor) con contenidos como la pena de muerte, mano dura contra la delincuencia y el ofrecimiento de responder cada vez con más ardor, fuerza e í­mpetu contra los que delinquen. De hecho el PP tiene como unidad simbólica un puño cerrado, que conjugado con el eslogan de la pasada campaña (mano dura) significa claramente la intención de lograr la conquista de las simpatí­as de la población -cansada de tanta violencia- debido a su férrea postura de ofrecimiento de seguridad ciudadana. ¿Pero es verdadera esa inseguridad o es en parte una sensación provocada por las narrativas de lo cotidiano en los medios de información? Seguiremos en la próxima entrega.