En tierras de la Gran Nicoya -III-


En este último artí­culo de la serie «En Tierras de la Gran Nicoya» me referiré a la invasión militar de los Estados Unidos en Costa Rica.

Alfonso Bauer

Es sabido en el mundo entero que si hay en el hemisferio occidental, una sociedad de idiosincrasia pací­fica, ella es la de Costa Rica. En el continente, es la única república que no tiene ejército, pues fue abolido desde 1950. Y, a pesar de ese inigualable y ejemplar modelo de pueblo y Estado, su Presidente actual, Laura Chinchilla, comete la feloní­a de quebrantarlo, al permitir la ocupación castrense norteamericana en Costa Rica: 7000 efectivos, 46 barcos de guerra, 200 helicópteros, 10 aviones de combate y armamento, so pretexto de combatir el narcotráfico, y de prestar servicios médicos a la población.

Además, con ese reprobable acto, ella da la espalda a los pueblos de Nuestra América, que dí­as antes, al que ella cometiera la feloní­a, representados en Sanare, Venezuela, incluso Costa Rica, en el Primer Encuentro entre los Pueblos de América: Resistiendo el Militarismo, Promoviendo una cultura de la paz», se comprometieron a promover cultura de paz y hacer conciencia de los peligros que encierra el militarismo estadounidense.

Por lo anterior, la indignación del pueblo en Costa Rica, es grandí­sima, dado el carácter pacifista de las ciudadanas y ciudadanos, nada proclives al militarismo, y por ser irreductibles a aceptar el militarismo contemporáneo, instrumento opresor al servicio del poder económico de las oligarquí­as nacionales y, por supuesto, de los dictados de la gran potencia de las barras y las estrellas, que no distingue entre la fuerza y la violencia, al punto que para impedir el triunfo de las esperanzas de los pueblos de convivir democráticamente, contando con regí­menes que aseguren la libertad y la justicia social, efectúan masacres que llegan al grado de cometer delitos de lesa humanidad, como el genocidio y el etnocidio, como ocurrió en Guatemala, desde los años sesenta hasta los noventa del siglo pasado.

Y la incontenible ira ha llegado al punto, de que ciudadanas y ciudadanos y asociaciones sociales, sindicatos de trabajadores, intelectuales y artistas, universidades públicas y privadas, partidos y entidades polí­ticas e incluso empresariales, endilgan a la gobernante Chinchilla y a sus cómplices diputados del Organismo Legislativo graves incriminaciones, tales como: Que la Comisión de Enlace del Movimiento Popular de Costa Rica, considera que el gobierno se ha unido al Plan Colombia, y, en consecuencia, se trata de una «ocupación militar» prevista en el marco del capí­tulo de seguridad del Tratado de Libre Comercio, suscrito por el presidente Oscar Arias, mediante el cual afirma esa Comisión, Costa Rica se habí­a convertido ya en un Protectorado de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, la prensa costarricense ha destacado que este convenio va en contra de la decisión del pueblo, que abolió el ejército en 1948 (nota: no fue ese año sino en 1950), una polí­tica nacional de defensa basada en el desarme. A ello se agrega que, en 2004 y 2008, la Corte Suprema de Costa Rica dictaminó una resolución en la que ordena al Estado rechazar cualquier actividad bélica. (Este párrafo está tomado de comentario del Dr. Juan Manuel Bueno Soria, especialista en derecho de la cooperación internacional de la Universidad de Tolouse I, Francia, así­ como el siguiente). (…) El gobierno costarricense niega la militarización de su territorio y se pierde en malabarismos discursivos emitidos por doña Laura y por sus mandos policiales, que alimentan el terror en la región. El pasado 4 de julio, Mario Boraschi, jefe de la policí­a antidrogas, declaró a la prensa «que era mejor ver circular por las calles soldados norteamericanos que sicarios y traficantes de droga». De esta forma, el privilegio de nacer y vivir en un paí­s sin ejército se ha terminado para los costarricenses: ¡El infierno ha comenzado! El pueblo clama: Nosotros queremos a Costa Rica sin narcos y sin MILITARES, porque teme que ese ejército yanqui de ocupación, sí­ es que se retira, deje montado en la tradicionalmente pací­fica Gran Nicoya otro ejército, nacional, pero antidemocrático, represivo y sumiso al Imperio.

Pero los costarricenses patriotas, la gran mayorí­a, ya han iniciado la lucha de resistencia, a la vanguardia de la cual están el Frente Amplio, Vanguardia Popular, la organización Cokomal, el movimiento sindical de trabajadores urbanos y campesinos, la estatal Universidad de Costa Rica y también nuestros inmigrados compatriotas guatemaltecos del colectivo «Manos Unidas por Guatemala», pero también por la patria del eximio ex presidente tico, Juan Mora Fernández, quien emprendió la epopéyica y victoriosa lucha de liberación de Centro América, a mediados del siglo XIX de la invasión yanqui capitaneada por el filibustero Walker.

Y, en estas circunstancias el pueblo canta, ahora, su himno con épica entonación:

«Salve, oh Patria, tu pródigo suelo, dulce abrigo y sustento nos da, bajo el lí­mpido azul de tu cielo ¡VIVAN SIEMPRE EL TRABAJO Y LA PAZ!