El Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia presentada hace ya algún tiempo por el Arzobispo de Guatemala, Monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, quien hace años cumplió la edad de retiro dispuesta por la Iglesia. Antes de que el Cardenal resigne su cargo en la Arquidiócesis de Guatemala, queremos rendirle un sincero homenaje por el papel desempeñado no sólo como guía y pastor espiritual de miles de católicos, sino que como agudo promotor de la paz y defensor de los intereses del país en general.
El Cardenal Quezada Toruño tiene una larga trayectoria en los esfuerzos por hacer de Guatemala un mejor país. Como promotor de la Conciliación Nacional durante el conflicto armado que costó tantas vidas, promovió el diálogo y el entendimiento entre grupos que tenían tal nivel de antagonismo que parecía imposible un arreglo para alcanzar la paz. Con paciencia y determinación desafió todos los riesgos que representó en su momento ese tipo de mediación, y sin duda que cualquier historiador que juzgue con objetividad el proceso de paz de Guatemala tendrá que colocar en un papel muy destacado el que desempeñó Monseñor Quezada.
Posteriormente como Arzobispo metropolitano ha jugado papeles decisivos en gran parte de la vida nacional. Promotor del Acuerdo Nacional de Seguridad junto con el Rector de la Usac, el Procurador de los Derechos Humanos y el representante de las otras iglesias que funcionan en el país, ha enfatizado el interés por la protección de la vida humana y la garantía de seguridad para los habitantes del país.
Como miembro y como Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala ha sido determinante en la defensa del derecho de los más necesitados a recibir la atención primaria que debe darles el Estado. Nunca ha rehuido la responsabilidad de hablar por los que no tienen voz y lo ha hecho de manera clara y categórica. Célebre ha sido su postura frente a la minería y la explotación que se hace de recursos naturales no renovables en lo que constituye un saqueo del país ejecutado de manera tan cínica como sistemática.
Su afán conciliador, evidenciado durante el conflicto y con la comisión que presidió, no le ha impedido fijar posturas firmes cuando ha hecho falta una voz que ilustre sobre problemas cotidianos y para convertirse, como hemos dicho, en voz de los que no tienen voz.
Es tan su vocación de servicio que ahora, cuando deje la responsabilidad de dirigir la Arquidiócesis, ya nos adelantó que seguirá con el papel de orientación pública que ha mantenido hasta ahora, y lo hará como Cardenal de la Iglesia Católica, investidura que le acompañará hasta la muerte.
Con cariño dedicamos hoy este sencillo homenaje al Buen Pastor que ha sido el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño.