Barcelona domina, pero no apuntala


Lionel Messi, delantero del FC Barcelona, presentó su Bota de Oro previo al partido que empataron contra el Mallorca. FOTO LA HORA: AFP LLUIS GENE

Si usted va al Camp Nou y ve cómo su equipo de entrada es un guiñapo en manos del Barí§a, no se asuste. Tampoco se alarme si ve que acaba el primer tiempo y la discutible estadí­stica de la posesión del balón le otorga un paupérrimo 10 por ciento a su favor mientras que el Barí§a acapara un abusivo 90 por ciento. Lo mismo puede decirse de los saques de esquina o de las faltas (el Barí§a no cometió la primera hasta el minuto 65, cuando el Mallorca ya llevaba 9). Siga el ejemplo del Mallorca y del Hércules. No desfallezca, porque su oportunidad llegará. Este Barí§a tiene un problema. Es un campeón que baila a sus rivales en el cuadrilátero. Un fino estilista que levanta pasiones, pero que tiene mandí­bula de cristal. Si logra pasar de medio campo y le suelta un guantazo, lo más probable es que le tumbe. Ayer, al Mallorca le pasó todo eso y acabó el partido con un empate a uno que en la primera parte amenazaba con ser una goleada a favor de los de Pep.


El Mallorca volvió ayer a dejar en evidencia a un Barí§a que tiene en el Camp Nou a su peor enemigo. El césped del estadio no sólo es un defensa más de los rivales que desbarata las ocasiones de los blaugrana levantándose por arte de magia, sino que encima es un defensa leñero que lesiona a jugadores. Pero no es excusa para explicar el empate de ayer ante un equipo al que el Barí§a toreó en una estupenda primera parte.

A pesar de las obligadas ausencias de Xavi y Villa y las de Puyol y Busquets por decisión táctica, la puesta en escena del Barí§a fue formidable. Al menos a nivel formal. El equipo estaba intenso, al Mallorca la pelota le duraba un decir Jesús y Aouate pedí­a clemencia.

Y ante tanta superioridad, la lógica acabó imponiéndose y los de Guardiola acabaron por perforar la meta de Aouate. Eso sí­, después de fallar por cuestión de centí­metros unas 600 ocasiones, el tanto llegó en la más difí­cil. Y fue precioso.

Messi colocó con sumo cariño, ausente de cualquier ansiedad de cara al gol, un pase a la red tras una majestuosa asistencia de espuela de Pedro. Parecí­a que la lata estaba abierta y que el Barí§a a partir de ese instante jugarí­a a favor de obra. Pero los de Laudrup capearon el temporal mientras que el Barí§a seguí­a sin saber cerrar el partido. Seguí­a el dominio, la posesión, el meneo, si quieren, pero el marcador seguí­a igual.

Soberbio Valdés.

Hasta que al filo de la primera parte, el Mallorca se estiró y por primera vez en el partido pisó terreno blaugrana… 40 minutos después de que Undiano decretara el saque inicial. La aproximación acabó en córner gracias a una soberbia estirada de Valdés. El saque de esquina lo remató a la red Nsue como una gacela. Nunca se habí­a hecho tan poco para lograr tanto. Era el primer gol del Mallorca como visitante

Con el campeón groggy todaví­a por el crochet recibido antes de que sonara la campana, el segundo asalto se inició con un Barcelona acelerado y sin frescura. Curiosamente, el final del partido fue más fácil de superar para el Mallorca que el inicio. Ni la transfusión de sangre joven mediante Thiago, Nolito y Jeffren cambió el guión. El problema siguió sin resolverse.