Crece indignación por experimentos con guatemaltecos


El incendio del Hospital Neuropsiquiátrico, ocurrido en 1960, borró por completo las posibilidades de conocer registros sobre los experimentos que los cientí­ficos de los Estados Unidos (EE.UU.) practicaron en Guatemala entre 1946 y 1948, que han derivado una ola de indignación entre los guatemaltecos

Gerson Ortiz
gortiz@lahora.com.gt

Las instalaciones del hospital quedaron completamente destruidas y a la fecha no se han esclarecido fehacientemente ni las causas del desastre, ni los posibles responsables del hecho en el que murieron unas 200 personas.

Diario La Hora recopiló diversas opiniones que coincidieron en la indignación por los experimentos con seres humanos, supuestas investigaciones de reacciones a medicamentos contra enfermedades de transmisión sexual.

EL HOSPITAL Ricardo Asturias Valenzuela, diputado durante l944 a 1946, narra que la época en la que se reportó el incendio en el Hospital Neuropsiquiátrico no se reflejaron mayores detalles: «sólo se informó que se desató un incendio y causó la muerte de toda la gente; el Neuropsiquiátrico ardió y no pudieron sacar a los enfermos; allí­ murieron muchos, no pudieron hacer nada porque en esa época no habí­a bomberos bien organizados», cuenta.

El entonces legislador añadió que el hecho no se investigó y que aunque se hicieron algunas pesquisas «mí­nimas» en las que se determinó que un cortocircuito habí­a sido la fuente del incendio interior, «no se investigó el porqué de ese descuido o si habí­a una correcta actitud de parte de los mismos médicos o guardias del hospital».

Asturias añadió: «en el incendio se perdió todo y destruyó todo el edificio ubicado en la segunda avenida y doce calle de la zona 1; se perdió todo», insistió el entrevistado.

Otras personas consultadas afirmaron que aunque podrí­a no existir ningún ví­nculo entre el incendio que consumió aquel hospital y los experimentos realizados por los EE.UU. doce años antes, los documentos perdidos en el hecho anulan cualquier posibilidad de consulta en ese sentido.

OPINIONES

Alfonso Bauer, quien durante el gobierno de Juan José Arévalo (primer presidente de la Revolución de 1944) fungió como subsecretario de Economí­a y Trabajo, repudió los experimentos realizados por los EE.UU. de 1946 a1948 en el paí­s.

«Los gringos vienen a hacer calamidades, no solo a Guatemala sino al mundo entero: fueron al ífrica a meter la CIA (Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos por sus siglas en inglés) para acabar con los negros de ífrica», comentó Bauer.

Bauer considera que los principales responsables de esos crí­menes son los Estados Unidos y que en todo caso, si se debiera deducir responsabilidades contra ex funcionarios guatemaltecos deberí­a ser contra el jefe de las Fuerzas Armadas: Francisco Javier Arana.

«Los que se metí­an a eso eran soldados, el jefe de las Fuerzas Armadas, no puedo opinar más sobre eso, yo estoy en contra de los yanquis, no creo que los guatemaltecos se prestaran a eso, pero es indigno que no se atrevan a acusar a los yanquis, pero pregúntele a í“scar Clemente (Marroquí­n) que él le dé una opinión», agregó Bauer.

En efecto, se consultó a Oscar Clemente Marroquí­n, director General de Diario La Hora, quien también rechazó esas acciones pero consideró que antes de pedir un resarcimiento para los afectados, deberí­a crearse un frente que prohí­ba esas prácticas.

«Antes de hablar de resarcimiento económico para las ví­ctimas, Guatemala y Estados Unidos deberí­an crear un frente con la Organización de Naciones Unidas para que se prohí­ba explí­citamente que se sigan haciendo experimentos con seres humanos», enfatizó Marroquí­n. Eduardo De León, director de la Fundación Rigoberta Menchú, calificó de «inmorales» esas prácticas de los EE.UU. y opinó que han sido practicadas no sólo en Guatemala sino en todo el mundo a través, incluso, de guerras biológicas.

«Es importante destacar que se hayan ofrecido disculpas pero creo que además debe ser investigado ese hecho por el Estado guatemalteco para que más que aceptar las disculpas públicas se pueda sentar una postura más drástica», indicó De León.