Hoy publicamos un trabajo en el que se evidencia que uno de los viceministros de esa cueva de ladrones que es el Ministerio de Comunicaciones ha sido superintendente de una de las empresas constructoras que más beneficios ha recibido del Estado mediante contratos de construcción, lo que evidencia que se ha llegado a extremos en los que la pérdida del decoro es lo menos que se puede señalar.
La corrupción ha existido siempre y el MICIVI tiene años de ser reducto de los más largos funcionarios de los gobiernos de turno porque allí se manejan millones en obra pública que siempre se transa. Pero generalmente se han ocupado de guardar las apariencias, extremo que obviamente ahora ya les importa un pepino porque como se ha descarado el papel de los financistas de campaña para amasar fortuna, ya no les importa ni el decoro. El señor Alfredo Mury, funcionario de CONASA, empresa constructora de los señores Mayorga, fue nombrado nada más y nada menos que Viceministro a cargo de las cuestiones financieras del Ministerio, lo que nos da una idea de cómo se están manejando las cosas en este gobierno.
Antaño los financistas operaban en la sombra y se beneficiaban callada la boca de algunos contratos y negocios, pero últimamente eso cambió y ahora no sólo ocupan puestos importantes en el Gobierno sino hasta se reservan el control del acceso al Presidente de la República. Empezó todo con Portillo cuando nombró al hijo de su financista gerente de la Presidencia y alcanzó las dimensiones más escandalosas ahora que el Secretario Privado de la Presidencia es quien manejó las finanzas de campaña.
El colmo es que hasta las normas de ley son violadas de manera burda y descarada porque la Constitución establece que no pueden ser ministros o viceministros quienes sean contratistas del Estado y en el caso del señor Mury todavía tiene legalmente vínculos con la empresa constructora que tiene negocios millonarios con el Estado porque su nombramiento aparece vigente como superintendente de la empresa CONASA.
¿Puede hablarse de transparencia en esas condiciones y, peor aún, se puede exigir a los ciudadanos que contribuyan más con impuestos si es obvio cómo se manejan los recursos del Estado? Por esas razones es que toda la obra pública es un mamarracho porque la misma no se ejecuta ni planifica pensando en construir cosas duraderas que vayan a servirle al país, sino simple y sencillamente se trabaja con la visión y misión de lograr beneficios directos de manera personal. El MICIVI se ha ido perfeccionando como reducto de la corrupción, al punto de que han perdido hasta el decoro.