El cambio climático generado por el humano se inició con la Revolución Industrial, la cual produjo deterioro del ambiente, degradación del paisaje y explotación irracional de la tierra. Como sabemos, Guatemala no estuvo involucrada en la Revolución Industrial en virtud de que nunca se desarrolló el ímpetu que generó la gran Bretaña entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos para producir hierro. Detrás de Inglaterra se unieron a la transformación tecnológica, socioeconómica y cultural, los otros países de la Europa continental. Los enormes avances en los sistemas de transporte fueron indispensables coadyuvantes a la Revolución Industrial que inició con el cambio en la economía al expandir los mercados.
La invención de la máquina de vapor permitió el desarrollo del ferrocarril, de los barcos movidos a vapor, etc. Las mercaderías, personas, enfermedades y un sinfín de productos más se dispersaron como reguero de pólvora por todo el mundo. La economía industrial tomó rápidamente posesión del mundo mediante políticas expansionistas, lo que generó también un ensanchamiento de los mercados globales.
A pesar de la ola tecnológica que invadió al mundo desde la mitad del siglo XVIII, un pensador contemporáneo propuso una teoría que predice o propone el retroceso de la humanidad a sus orígenes: La teoría Olduvai. La teoría de Olduvai establece que la civilización industrial actual tendría una duración máxima de cien años, contados a partir de 1930. De 2030 en adelante, la humanidad iría poco a poco regresando a niveles de civilización comparables a otros anteriormente vividos, culminando dentro de unos mil años (3.000 d. C.) en una cultura basada en la caza, tal y como existía en la Tierra hace tres millones de años, por ello el nombre de esta teoría. La garganta de Olduvai constituye uno de los lugares más importantes en el este de ífrica en relación a yacimientos paleontológicos y arqueológicos prehistóricos. Los barrancos de este cañón también son conocidos extraoficialmente con el sobrenombre de «cuna de la humanidad».
Esta teoría fue planteada por Richard C. Duncan basándose en su experiencia en el manejo de fuentes de energía y por su afición por la arqueología.
Originalmente, la teoría fue propuesta en 1989 con el nombre de «teoría de pulso-transitorio», posteriormente, en 1996 se adoptó su actual denominación inspirándose en el famoso sitio arqueológico, pero la teoría no depende en forma alguna de datos recopilados en ese sitio. En 2007, Duncan define cinco postulados fundamentándose en la observación de datos sobre la producción de energía mundial per cápita, la capacidad de carga terrestre, la reutilización del carbón como fuente primaria, el pico de la producción de petróleo, los movimientos migratorios y las etapas de utilización de energía en Estados Unidos (Duncan, 2007).
Duncan ha preparado su teoría desde puntos de apoyo técnicos y no simbólicos, económicos o políticos. Más se enfoca en la energía fósil, su utilización por la humanidad y su consecuente degradación, especialmente el petróleo. Si enfocamos la vista en el corto plazo, veremos que de una forma u otra, la civilización, como la conocemos ahora, terminará antes de que pasen tres generaciones más y la debacle, poco a poco vendrá.
Mitiguemos con ahorro de agua y de energía la violencia climática que se avecina.