Las sinfoní­as de Gustav Mahler


Para finalizar nuestra apreciación sobre Gustav Mahler, veamos brevemente una aproximación a sus sinfoní­as, gigantescas y maravillosas, que son, también un homenaje a Casiopea, esposa dorada, de miel y tul, que es corazón en florescencia a cada instante en mi alma, que deja cotidianamente su aroma de esperanza en el fluir de mi alma, que entra en el fondo de mis sueños como señora conquistadora, y llena mi pecho con su encendido amor purificante.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela A mi padre, maestro Celso Lara Calacán, con inmenso amor.

Diremos, en primer lugar, que las nueve Sinfoní­as de Mahler (la «Décima» ha quedado sólo en boceto) se ocupan de todo lo que vive y se mueve en el hombre. Las cuatro primeras son tratadas aquí­ con detalle; en lo que respecta a las demás, nos contentamos con diseñar algunas caracterí­sticas importantes. La «Quinta», cuya cima está formada por el noble Adagio; la «Sexta», que se rebela titánica, pero impotente, y la «Séptima», himno a la soledad, forman una trilogí­a que está separada de las tres primeras sinfoní­as por el alegre intermedio de la «Cuarta». La «Octava», para doble coro mixto, voces infantiles, ocho solistas y la mayor orquesta que se puede imaginar, hace uso casi continuo de la voz humana. El primer tiempo se ajusta al texto del Vent Creador Spiritus, el segundo, al final del «Fausto». La «Novena Sinfoní­a» nos ofrece un epí­logo resignado. El sinfonista Mahler es una figura trágica; lo que dijo en su carta de despedida a los miembros de la í“pera de La Corte de Viena, sobre los intérpretes puede aplicársele como compositor.

Primera Sinfoní­a en re mayor

Para la ejecución de esta sinfoní­a en Hamburgo (1892), dio Mahler la siguiente nota: Primera parte. -Recuerdo de la juventud, fruto juvenil, y espinas.

1. Primavera sin fin. La introducción describe el despertar de la naturaleza cuando llega el alba.

2. Capí­tulo de flores (Andante).

3. A toda vela (Scherzo). Segunda parte. Comedia humana

4. Encallado. Marcha fúnebre al estilo de Callot.

Sirva como comentario lo siguiente: El autor se inspiró en el cuadro paroxí­stico «Entierro del Cazador», sacado de un viejo libro de cuentos infantiles y bien conocido de todos los niños del sur de Alemania: los animales del bosque conducen el ataúd del difunto guardabosques al sepulcro; liebres llevan la banderita, delante una capilla de músicos bohemios acompañada por gatos, ranas, cuervos, etcétera; ciervos corzos, zorros y otros animales cuadrúpedos, y voladores del bosque, forman el cortejo en cómicas posiciones. Esta pieza está pensada como expresión de una atmósfera ya alegremente irónica, ya de una í­ntima meditación.

5. Dall»Inferno al Paradiso (Allegro furioso) es la expresión de un corazón herido en lo más profundo.

Mahler tachó más tarde el «Capí­tulo de Flores», y tras algún tiempo creyó mejor no publicar este programa. Puso a la Sinfoní­a el nombre de «Titán», imitando el tí­tulo de la novela del mismo nombre original de Jean Paul, pero también desechó esta indicación.

Una lenta introducción, en la que los armónicos de la cuerda sugieren la paz del alba; la madera hace oí­r sonidos de la naturaleza, y las trompetas, fanfarrias espectrales. A continuación, cellos y fagotes («muy moderado») presentan la segunda melodí­a de las «Canciones de un camarada errante»; el texto puede servir como programa del primer tiempo.