Durante una extensa entrevista publicada en Siglo Veintiuno, el ministro de Comunicaciones, señor Guillermo Castillo, acompañado de un viceministro y de los directores de Caminos y de Covial, al preguntarle acerca de un informe de la Controlaría de Cuentas que señala que fue muy deficiente la planificación en el proceso de reconstrucción de los daños provocados por la tormenta Stan, declaró que contratará a una empresa internacional para cambiar las formulaciones, diseños y estándares de requerimientos de construcción.
Abundó en explicaciones referentes a los recursos para financiar esa empresa consultora de supervisión y monitoreo de construcción y reconstrucción, admitiendo tácitamente que esa clase de trabajos no se han ejecutado profesionalmente, lo que ha provocado que hayan ocurrido decenas de derrumbes y que se hayan deteriorado prematuramente puentes y tramos carreteros que no soportaron las torrenciales lluvias de las recientes semanas; pero no mencionó que, además de los aguaceros, los destrozos obedecen a los altos índices de corrupción en el Micivi, incluyendo, por supuesto, a las dependencias cuyos titulares estaban presentes, pero con el pico cerrado.
Cuando se indicó que pareciera que el ministro Castillo se apresura a exonerar a las constructoras por los desastres en la red vial, esquivó el planteamiento y afirmó sin empacho: «Llegaron (sic) algunos derrumbes leves y se van arreglando». Ante la insistencia de los periodistas en torno a que si todas las constructoras están exoneradas de esos desastres, tampoco se mordió la lengua para señalar: «Si hay un informe técnico, con pruebas puntuales de que hay irresponsabilidad de parte de las constructoras y se presentan formalmente, yo soy el que las sanciono, es mi responsabilidad».Â
Seguidamente, al contestar a la pregunta sobre quién debe rendir esos informes, el señor Castillo ni arrugó la frente para decir: «Nosotros hemos hecho los análisis de las constructoras, y los responsables en una construcción son los supervisores regionales de las obras». Desfachatado el tipo.
Pocos serían los guatemaltecos que no se dieron cuenta de que los derrumbes no fueron «leves», como los califica descaradamente el falaz titular del Micivi. O a lo mejor no se enteró de los millares de personas que se quedaron varados en tramos carreteros y no se percató siquiera de los dos derrumbes consecutivos a inmediaciones del Nahualá, en la ruta Interamericana, que causaron decenas de muertos y lesionados.
Si así son los «derrumbes leves», uno se pregunta cómo serán los graves.
Aseveró el funcionario que sólo si hay «pruebas puntuales» que se presenten «formalmente» el propio riguroso jefe del Micivi sancionará a las empresas constructoras. No titubeó ni se mordisqueó el bigote al aseverar que los informes están a cargo de los supervisores regionales de las obras. ¡Qué yemas, colocho!
Uno sonríe de impotencia ante la desvergí¼enza, la malicia y el cinismo del ministro Castillo, quien cree retrasados mentales a todos los guatemaltecos, y omite que en la ruta del contubernio entre funcionarios, técnicos, ingenieros, supervisores y contratistas se arrastra la voracidad de la corrupción que erosiona al Micivi, carreteras y puentes.
(El sociólogo Romualdo Tishudo, parafraseando un refrán popular, advierte: -Algunos altos funcionarios mentirían mucho menos si los periodistas no preguntaran tanto).
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