EL ERROR PRIMAVERAL


El error primaveral de algunos guatemaltecos; aquel error primigenio, o error original, que es la fecunda semilla de la que nacen otros errores, como si nacieran flores polí­cromas y poliformes, fragantes y tersas, destinadas a constituir un maléfico jardí­n, es creer que nuestro paí­s es ya potencialmente todo aquéllo que deberí­a ser. Los guatemaltecos, entonces, sólo tendrí­amos que esforzarnos por desarrollar esa potencialidad hasta lograr que sea una espléndida actualidad.

Luis Enrique Pérez

Ese error primaveral predica que nuestro paí­s es subdesarrollado porque se ha detenido en una etapa todaví­a primitiva del proceso mediante el cual aquella fecunda potencialidad se transformarí­a en asombrosa actualidad. Ese mismo error predica que, entonces, el problema consiste en pasar a etapas superiores, y no en crear una nueva semilla, una nueva y revolucionaria fuente de potencialidad, de la cual realmente surja, como una ineludible aurora redentora, la esperada actualidad espléndida.

He aquí­ algunos ejemplos de ese error primaveral. Guatemala es un Estado. Sólo hay que procurar que sea un mejor Estado. Guatemala es un Estado soberano. Sólo hay que procurar la conservación patriótica de esa soberaní­a. Hay un régimen democrático de gobierno. Sólo hay que procurar que una mayor cantidad de ciudadanos participe en procesos electorales. Ya está vigente una justa legislación laboral. Sólo hay que exigir que se aplique rigurosamente. Ya hay una institución policial. Sólo hay que mejorarla para que brinde seguridad pública eficazmente. Y hay un Ministerio Público, que procura el cumplimiento de la ley y emprende la persecución penal pública. Sólo hay que elegir a un fabuloso Fiscal General para que cumpla esas funciones. Y hay un excelente régimen legal. Sólo hay que esforzarse, con patriótica obstinación, por su vigencia triunfal. Y hay riqueza suficiente. Sólo hay que repartirla.

Empero, no hay Estado de Guatemala. Hay pueblos jurí­dicamente inconexos en un territorio común, algunos de los cuales pugnan por su propia soberaní­a. Y Guatemala, en el supuesto de que es Estado, no es un Estado soberano. Es un dócil servidor de poderes colonialistas que hasta lo desprecian por su por su innecesaria docilidad. Y no hay un sistema democrático. Hay un proceso para elegir a quienes, aunque resulten ser pésimos gobernantes, tienen que ser tolerados hasta que plácidamente edifiquen las ruinas del paí­s.

Y no está vigente una justa legislación laboral. Está vigente una legislación que atenta contra el bien de los trabajadores. Y no hay una institución policial. Hay una legión armada de delincuentes oficialmente autorizados para delinquir. Y no hay una institución que procura el cumplimiento de la ley y emprende la persecución penal pública. Hay un instrumento de impunidad, servidor de gobernantes. Y no hay un excelente régimen legal. Hay un régimen legal diseñado para que los gobernantes procuren, con sagrada impunidad, el mal común. Y no ha hay riqueza suficiente. La riqueza que hasta ahora ha sido generada penosamente evita una mayor pobreza.

No persistir en ese error primaveral, y denunciar absurdos simulacros, y emprender la creación de una nueva semilla, de una nueva y revolucionaria fuente de potencialidad, es contribuir al comienzo de una época de acierto primaveral, del que nacerí­an otros aciertos, como si nacieran benéficos árboles destinados a constituir una gloriosa floresta.

Post scriptum. No deberí­amos pretender una reforma del Estado de Guatemala, porque no puede ser reformado lo que no es.