El tema de las pandillas juveniles o maras como ellos mismos se denominan es el tema de discusión entre parlamentarios, Ejecutivo y algunos sectores de la sociedad civil en estos días. Los primeros a mi criterio con el  fin de ganar votos se disputan entre bancadas iniciativas  ley para condenar a estos «antisociales», como los han citado en los medios. El Ejecutivo parece ver con buenos ojos inquietud de los   diputados y anuncia ante la entrada en vigencia de esta ley en El Salvador, medidas de seguridad en las fronteras, aunque un par de días después de esto, sigue siendo sólo un anuncio.
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Por otro lado, grupos de jóvenes han levantado su voz oponiéndose a esta ley, apelando a la Constitución Política, específicamente  en  lo que se refiere al derecho a la vida. Alegan además, que tiene vicios de inconstitucionalidad como la vulneración al principio de igualdad y que  violenta diversos tratados y convenios Internacionales en materia de Derechos Humanos suscritos por el Estado de Guatemala.
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Otro aspecto que señalan se enfoca en la violación a garantías relativas al ejercicio de derechos como la organización, participación, movilización, expresión, pensamiento, así como el debido proceso y compromisos en materia de atención integral de la juventud. También exponen  que legislar desde la perspectiva de la estigmatización, implicará criminalizar a quienes, en este caso, usen tatuajes, aretes o se vistan de forma diferente a parámetros convencionales impuestos, así como ante el uso de expresiones corporales, culturales y otras de la juventud.
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Es importante señalar que en el país existen muchas leyes que castigan, que penalizan, que se cumplan o no es  responsabilidad de las autoridades, y hay muy poco o nada sobre prevención del delito, pocas propuestas y políticas que se enfoquen en mejorar las   pobreza, la marginación y la exclusión social son el abono perfecto para el florecimiento de las pandillas.
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La construcción e implementación del Plan de Acción de la Política Nacional de la Juventud, que incluye un componente de prevención de la violencia es necesaria, así como la aprobación de Ley Nacional de la Juventud.
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Es costumbre   señalar, ignorar y repeler lo que no nos gusta, pero con alternativas como las propuestas por los diputados del Patriota y el Líder, lo único que puede ocurrir es tener un país más dividido, más violento y con mayor discriminación.