Presionado de un lado por sus aliados de izquierda y por otro por sus socios económicos, el oficialista Congreso Nacional Africano (ANC) abrió esta semana el debate sobre la posible nacionalización de las minas de Sudáfrica.
Reunidos hasta el viernes en Durban (este), unos 2.200 militantes del ANC admitieron por primera vez el lunes estar dispuestos a debatir «medios concretos» de nacionalizar las minas, según un documento de trabajo.
Desde hace más de un año, el líder de la Liga de la Juventud del ANC, Julius Malema, reclama la nacionalización, argumentando que las riquezas mineras de Sudáfrica -primer productor mundial de platino y cuarto de oro y diamantes- deberían beneficiar a toda la población.
Estos pedidos han tenido a menudo una connotación racial en Sudáfrica, ya que sólo el 8,9% de las minas pasaron a manos de propietarios negros 16 años después de la caída del régimen segregacionista del Apartheid.
«El debate es más político que económico. Julius Malema busca atraer las simpatías porque piensa que la mayoría quiere eso», estima el experto Dirk Kotze, profesor de la Universidad de Sudáfrica (Unisa).
El presidente sudafricano Jacob Zuma, que llegó al poder con el apoyo de Malema, frenó durante mucho tiempo sus exigencias, afirmando que «la nacionalización de las minas no es la política del gobierno».
«El gobierno está muy nervioso, no quiere una política radical que espante a los inversores extranjeros», explica Dirk Kotze.
Pero la poderosa confederación sindical Cosatu, socia del ANC en el gobierno, se sumó recientemente a los pedidos de la Liga de la Juventud.
El ANC, preocupado por sus socios, tuvo que ceder. «La nacionalización forma parte de los temas debatidos» a puertas cerradas esta semana en Durban, confirmó el secretario general del partido, Gwede Mantashe.
Para tranquilizar a los círculos económicos, el presidente Zuma se reunió el miércoles con un grupo de empresarios presentes en el congreso del ANC.
Zuma se refirió a las «maravillosas» relaciones entre su partido y el mundo empresarial y aseguró que «la política y los negocios funcionan juntos».
Sudáfrica es la primera potencia económica del continente, pero más del 40% de su población vive por debajo del umbral de pobreza y el desempleo está estimado entre 25 y 40%, según las definiciones.