Alcaldes y la seguridad ciudadana


Un rasgo muy importante -y mucho mayor a procesos eleccionarios anteriores- es la centralidad que tiene el debate sobre el problema de la seguridad ciudadana. Esto no hace sino confirmar cómo el fenómeno se ha deteriorado en los últimos años y cómo, ante el desgobierno del actual régimen, la población ha empezado a voltear su mirada hacia los municipios, como una alternativa de solución. Y estamos viendo, además, cómo los aspirantes a ser candidatos a alcaldes están ofreciendo el oro y el moro en este campo, asegurando que ellos sí­ pueden solucionar este problema. Me atrevo a escribir ya en términos eleccionarios, porque es evidente que para varias agrupaciones polí­ticas, en absoluto irrespeto a nuestro ordenamiento legal, han iniciado el proselitismo.

Mariano Rayo
Diputado Unionista

Hago un paréntesis en el tema. En una encuesta reciente a nivel nacional, el tema de inseguridad es el de mayor preocupación (arriba del 80%) para los sectores económicos A, B y C, mientras que el tema empleo/económico es para los sectores D, E y F el de mayor preocupación (arriba del 70%). Esto nos tiene que indicar que no podemos superponer un tema al otro, ambos tienen que ser atendidos con prioridad y celeridad.

Retomando el tema de inseguridad, hay que ver con cautela este asunto del municipio a cargo de la seguridad ciudadana. Es cierto que no hay experiencia exitosa en América Latina en seguridad ciudadana que no tenga una participación municipal. Pero, a la vez, en el modelo institucional guatemalteco, las atribuciones de los alcaldes en la materia son más bien limitadas y tienen que ver con la coordinación y la colaboración. De hecho en la Constitución y las leyes la responsabilidad central de la seguridad -y por tanto las atribuciones y los recursos- está en manos del Organismo Ejecutivo. El modelo policial vigente en Guatemala es de cuerpo de seguridad único, el cual proviene de los compromisos asumidos en los Acuerdos de Paz, y ahora reforzado con la propuesta de la Comisionada para la Reforma Policial.

En ese sentido, las ofertas de los aspirantes a candidatos a alcaldes no se pueden cumplir, así­ de sencillo.

A mi criterio, más que ofrecer que van a solucionar la seguridad ciudadana, los aspirantes a candidatos a alcaldes debieran tener posiciones claras en la discusión sobre el papel de las autoridades municipales y nacionales en seguridad. El vací­o dejado por la falta de liderazgo del gobierno nacional ha generado una explosión de soluciones improvisadas con diferentes modalidades de relación con la Policí­a, incluyendo algunas que rayan en la ilegalidad. Tenemos un hí­brido, con una municipalización inconclusa y sin recursos financieros y materiales suficientes.

¿Hacia dónde ir? ¿Avanzar a una mayor municipalización, ví­a por ejemplo una policí­a municipal de seguridad pública? ¿Exigir más atribuciones para los ciudadanos organizados como el uso de armas y el derecho a detener? O, por el contrario, los municipios pueden convertirse en el motor de la demanda por reforma y depuración de las instituciones policiales, para que cumplan su labor y se pueda así­ ir revirtiendo los fenómenos de la acción propia contra la delincuencia.

Ese es el debate fundamental en seguridad pública y no tanto demandar por que se asuman responsabilidades de facto sin basamento legal y sin sustento financiero y material. Se quiere la municipalización de la seguridad, pues que así­ sea, pero con control absolutos sobre las fuerzas de seguridad civil y militar, y con los presupuestos asignados.

Los niveles de criminalidad han alcanzado tal gravedad, que el paí­s y los ciudadanos no se merecen la banalidad de la discusión sobre la polí­tica criminal integral del Estado.