Goldberg y Castro


Las interpretaciones de la analista Julia Sweig del Consejo de Relaciones Internacionales de Nueva York, quien acompañó al periodista Jeoffrey Goldberg de The Atlantic con sede en Washington, en la publicitada entrevista a Fidel Castro, confirman lo que dicho corresponsal quiso escuchar, y que luego la prensa sensacionalista procuró promover tendenciosamente; que el propio lí­der emblemático de la Revolución Cubana, criticaba y traicionaba la misma en un acto aparentemente de retractación histórica a su propia causa ideológica. Pero lo que no entendió es que nada más revolucionario que revolucionar con la autocrí­tica y el reconocimiento del cambio social que provee la contradicción de la propia historia. No hay registros de declaraciones públicas o entrevistas que den cuenta de un acto de la misma altura como la que ofreció Castro, en la que por ejemplo se autorreflexione sobre el descalabro del sistema financiero mundial; o que den razón del porqué el mercado no ha podido derramar la riqueza como prometí­an los neoliberales.

Julio Donis

No recuerdo a ningún Presidente del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional reconociendo el fracaso de las propuestas de ajuste estructural, basadas en desregulación y privatización que se aplicaron en paí­ses de Latinoamérica, especialmente en los setentas y ochentas del siglo pasado y que en muchos casos, acabaron con la posibilidad paradójicamente, de tener capitalismos más dinámicos en dichos paí­ses. No tengo memoria que algún lí­der promotor del liberalismo económico haya reconocido que más mercado y menos Estado fue una fórmula fallida; o que la mano invisible derramó por todos lados pobreza para muchos y riqueza para pocos. No tengo noción inmediata de algún Presidente de potencia occidental, que haya reconocido que la democracia como sistema polí­tico que presume de ser un gobierno para el pueblo por el pueblo, tomando la vieja definición de Lincoln, no es compatible luego de al menos dos siglos, con el sistema económico liberal que justo procura lo opuesto, pocos tomando decisiones planetarias que no precisamente van dirigidas al bienestar social de la colectividad sino al beneficio máximo de su individualidad.

Por el contrario, las notas de prensa de la derecha buscan sacar partido por donde pueden, para hacer eco a lo que quiso creer Goldberg; ese profundo prejuicio histórico e ideológico que se resume en la satanización del comunismo. Los artificios de los «libertarios» como alude M. R. Morales a los incultos neoliberales, alcanzan niveles de infantilismo que dan cuenta de lo que acabo de indicar, como por ejemplo, presumir que una caricatura (Los Simpson) se habí­a antecedido años atrás a la declaración de Castro, anunciando que el «modelo cubano ya no funcionaba», como alardeando que ellos lo habí­an advertido. Supongo que Homero es tan torpe que no pudo visualizar que sus hábitos consumistas sintetizaban el modo autodestructivo del capitalismo que terminarí­a años después con la dilapidación de los recursos naturales del planeta o con las transnacionales financieras de rodillas pidiendo auxilio al Estado.

El sistema capitalista como buen animal de selva salvaje, ha afinado sus estrategias y ha calculado los costos en recursos naturales y vidas humanas que implique su cacerí­a final, la de su propio entorno.