No hay otro término para referirse a la concesión que este gobierno otorgó para la exploración de toda la costa en el océano Pacífico, es decir una extensión de 250 kilómetros, a fin de que se pueda extraer hierro y otros minerales que hay en la arena de las playas.
En la historia de Guatemala abundan los negocios corruptos que hicieron fortunas gigantescas y sin duda la concesión otorgada a la empresa canadiense G4G Resources constituye uno de esos históricos trinquetes. Una megafortuna saldrá de este hueveo, expresión dura pero que es la única que se puede utilizar para referirse a esa licencia de exploración que, de acuerdo a nuestra normativa, amarra al Estado para casi obligarlo a otorgar licencia de explotación una vez terminados los trabajos exploratorios.
Y gracias a la malinchista ley de minería que tenemos, nuestro país recibirá el uno por ciento de «regalías» de una operación que acabará con un recurso natural que, según el informe publicado por esa empresa canadiense, tiene un potencial enorme. En agosto de este año publicaron un informe en el que detallan los hallazgos y comparan el yacimiento guatemalteco con los mejores que hay en el mundo, con la ventaja de que aquí todo se lo llevan mientras en otros países tienen que dejar al menos algo en compensación por explotar un recurso no renovable.
Y estamos frente a otro caso en el que podemos hablar de golpe dado y de mordida embolsada, porque las posibilidades de detener esa abusiva explotación que acabará con nuestras playas son remotas, sobre todo tomando en cuenta la ancestral indiferencia y sangre de horchata de los chapines que veremos cómo se alzan con nuestros bienes sin decir ni hacer nada. Sabemos que un negocio de esta magnitud no se hace por filantropía de nuestros funcionarios ni porque sean imbéciles. Pueden ser inútiles, pero no son tontos y al otorgar una concesión de este calibre aseguraron su futuro y el de sus descendientes porque se trata de uno de los hueveos más grandes de la historia del país, comparable seguramente con la venta de la telefónica.
Mientras nos mantienen entretenidos contando los muertos que diariamente se producen por la falta de acción de las autoridades, los socios canadienses de la gente de este gobierno siguen realizando sus trabajos y concretando la exploración que ha de permitirles una operación de enormes utilidades. Mientras nos entretienen con el circo de los juicios de muy dudosa conclusión, se embolsan millones por la venta de nuestros recursos naturales, siendo así que los únicos beneficiados en Guatemala por el negocio serán los pícaros que lo autorizaron y cuya responsabilidad habremos de deducir algún día si nos llenamos de valor cívico y cumplimos nuestro deber.