Cierran capí­tulo de marea negra en Golfo de México


La fuga de petróleo en el Golfo de México dejó daños irreversibles para la biodiversidad de la localidad. ARCHIVO

Estados Unidos declaró ayer como sellado al pozo petrolero de la británica BP en el Golfo de México, cuya explosión hace cinco meses provocó el mayor desastre ambiental de la historia del paí­s.


El almirante retirado Thad Allen, designado por Washington para supervisar las operaciones de control de la marea negra, dijo que las maniobras para sellar con cemento el pozo fueron terminadas con éxito.

«Con este procedimiento (…) podemos anunciar que el pozo Macondo 252, está efectivamente cerrado», dijo Allen.

«Se darán otros pasos adicionales, pero podemos afirmar definitivamente que el pozo Macondo ya no es una permanente amenaza para el Golfo de México», agregó.

«Tras meses de operaciones (…) bajo la dirección y la autoridad del equipo cientí­fico y de ingenierí­a del gobierno estadounidense, BP logró (…) cementar el pozo», precisó.

El derrame de crudo cesó el 15 de julio pasado gracias a la colocación de una tapa sobre el pozo, pero este taponamiento con cemento deberí­a neutralizar de una vez por todas, e impedir, toda nueva fuga.

El presidente estadounidense Barack Obama reaccionó y destacó que se habí­a franqueado «una etapa importante» en la lucha contra la marea negra.

«Sin embargo, seguimos comprometidos en hacer todo lo que sea posible para que las costas del Golfo se recuperen totalmente de la catástrofe», según precisó en un comunicado.

La maniobra de sellado consistió en inyectar en el pozo una mezcla de materiales y cemento a través de un pozo de auxilio.

A diferencia de las anteriores operaciones realizadas en el fondo del mar, a 1.500 metros de profundidad, el proceso de cementación se lleva a cabo a nivel del yacimiento, a 4.000 metros.

La perforación de dos pozos de auxilio para esta operación, denominada «Bottom Kill» (neutralización en el fondo), se inició casi inmediatamente después de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon el 20 de abril.

El accidente dejó 11 operarios de BP muertos y derivó dos dí­as después en el hundimiento de la estructura y el derrame de 4,9 millones de barriles (780 millones de litros).

El sellado final del pozo cierra un capí­tulo de una marea negra que afectó la vida de muchos estadounidenses, puso en peligro el frágil ecosistema del Golfo de México, alteró la agenda del presidente Obama y le costó el cargo al jefe de BP, Tony Hayward.

Pero el procedimiento no necesariamente pone fin a la contaminación en la región: la flora y fauna submarina se verán afectadas por años, incluso décadas, según las autoridades estadounidenses.

El caso también tuvo implicaciones para todo el sector petrolero ya que el Golfo de México es pilar de la extracción del crudo estadounidense, y produce, según un estudio, un cuarto del petróleo y el gas que se consume en el paí­s.

El gobierno de Obama presentó el miércoles nuevas normas obligando a las empresas petroleras que operan en la zona a sellar definitivamente los pozos inactivos y desmantelar las plataformas abandonadas.

Unos 3.500 pozos inactivos se encuentran actualmente bloqueados sólo por válvulas de seguridad, mucho menos fiables que los sellados definitivos.

Unos 40.000 pozos fueron perforados en el Golfo de México desde el comienzo de las operaciones petroleras en 1947.